Haciendo uso de tu condición,
mi sentimiento se va envolviendo en una casta.
Quizá jamás sepa donde voy a desembocar.
Tu presencia simula ser un país donde yo,
como turista, comienzo a moverme con extrañeza.
Soy un recién llegado.
Es momento de que recibas mis maletas
y yo me albergue, primero, en tu perfume,
después, en tu piel.
sábado, 23 de enero de 2010
viernes, 11 de diciembre de 2009
“Con la percusión volví a sentir la esencia de mi infancia”
El multiinstrumentista y creador de La Bomba de Tiempo saca a la luz de dónde salen sus ideas no convencionales y por qué sus proyectos tardan en darse en público. Entre la meditación y la vibración, establece la conexión que hay entre familia y música. Un estudio del personaje que deja entrever por qué podría ser la revelación popular del año.
Vestido íntegramente de rojo, Santiago Vázquez se pierde entre sus compañeros cuando ya están ubicados, cada uno con su instrumento específico, en el descanso de la escalera colosal del patio de la Ciudad Cultural Konex, para dar lugar a La Bomba de Tiempo, el show de percusión e improvisación que cada lunes, desde 2006, hace vibrar el cuerpo y la mente de los espectadores. Detrás de los músicos, una pantalla proyecta el juego cómplice entre los artistas y el público, que se mantendrá en las dos horas que durará la fiesta.
Un saludo de bienvenida distingue al Director General del colectivo artístico: la cara de Santiago Vázquez, con micrófono en mano, se visualiza desde aquélla pantalla. “Buenas noches, gracias por venir. Como todos los lunes: ¡La Bomba!”, anuncia y agradece. La respuesta de los “invitados” -como Santiago llama al público- no tarda en sentirse: todos de pie, aplauden, silban y sudan, al tiempo que se preparan para mover el esqueleto.
Nuevamente Santiago se escabulle en el grupo, conformado por diecisiete integrantes.
El festejo que sacude el primer día de la semana terminó. Las secuelas tardan en irse. “Hay que quedarse tranquilo unas horas, dejar que decante la vibración”, explica Santiago, sentado en una tarima que forma parte del camarín, con una botella de agua mineral “sin gas” en su mano derecha, sobre el momento de meditación al cual debe llegar después de los shows, porque sino el efecto podría ser contraproducente. “Por ahí te dormís y a media mañana te levantás y quedás así (abre grandes los ojos verdes y crea una cara atónita)”.
De a poco Santiago tranquiliza su cuerpo, sus sentidos, pero su ropa y su pelo transpirados evidencian ese “eco” que suele llamar “post-Bomba”. Ahora la figura es él, sólo él. Porque en escena siempre es parte del montón artístico, una actitud que tiene presente en el momento de llevar adelante sus proyectos y que, en este caso en particular, sumado a su originalidad y trayectoria musical, plasmadas en La Bomba de Tiempo, le valió la nominación a los Premios Clarín Espectáculos 2009, como “revelación melódica popular”, que se entregarán el próximo 30 de noviembre.
- Si bien tu función en La Bomba es la de director principal, antes de que te toque asumir ese rol, sos uno más del resto. ¿Qué valor tenés del concepto “grupo”?
- Por un lado, es el desafío principal del colectivo. Ese es el trabajo que merece la pena, más que la calidad del trabajo individual. Pero creo que la capacidad que podamos lograr al trabajar en común es el valor real de ese concepto, que es lo que me llena de experiencia y aprendizaje.
- Hasta al público integran en el show…
- Totalmente. Yo siento que nuestra función es un rol dentro de `algo´ que está sucediendo y que es más grande que el grupo mismo: nos incluye a nosotros, a cada persona, al público en general, a los técnicos y hasta al barrio. Y eso es magnífico, porque nos sirve para manejarnos en comunidad.
A Santiago Vázquez le resulta habitué trabajar en equipo. Y gracias a la tolerancia de la unidad es como en más de diez años logró acaparar diversos y prestigiosos músicos, y conformar diferentes agrupaciones musicales en donde despliega su pura y flexible imaginación, combinada con su capacidad artística como multiinstrumentista.
El multifacético argumenta que cada trabajo que realiza le resulta necesario, ya que desde ahí se explicita su nivel de maduración. No obstante, hay algo más por lo cual se ve destinado a encararlo: “En algún lugar hay algo que me está exigiendo hacerlo”, cuenta y deja en claro que no sólo se trata de una elección. “No sé de donde despierta, pero es como la sed, una especie de necesidades puntuales que de pronto ¡tuc! (golpea con la mano izquierda su cabeza), se aúnan en una idea y ahí aparece esa vocecita”.
“Encarar un proyecto es como jugar a las damas: si no veo que la idea logra comer mi necesidad interior no me muevo, espero”. Aquí es cuando Santiago esclarece esa pizca de madurez que cree necesaria para desembocar en una producción: reflexión y motivación. “Tuve que esperar bastante hasta sentir que podía mostrar en público mi saber como percusionista”, manifiesta y hace referencia a Juan Carlos “Mono” Fontana -pianista argentino destacado y gran innovador del uso de la improvisación en vivo con diferentes instrumentos- como la persona que lo motivó para lanzarse “en el circuito de los bombos”, tras la convocatoria al dúo La Cangura, allá por 1996.
La intuición, guía de un improvisado
Definir a Santiago Vázquez resulta bastante dificultoso a la hora de encasillarlo en una labor específica de la corriente musical. Desde chico (1972), su ambición se centró en la búsqueda constante de nuevos sonidos, a través de la innovación combinada con el canto, la composición musical y el estudio de los instrumentos.
- ¿Cómo describirías la evolución que adquiriste, al poner en la balanza tu desarrollo hasta como productor musical?
- (Piensa elevando los ojos hacia arriba). Es un caminito, un paso te lleva al otro. Uno nunca sabe a dónde va ni por qué está dando el paso que da, simplemente seguís a la intuición.
- ¿Se podría establecer que la intuición fui tu guía?
- Sí. Según mi criterio, me parece muy importante creerle a esa percepción, no tenerle miedo, porque en la dirección que uno esté siempre habrá algo que valdrá la pena encontrar.
- ¿Qué fue lo que descubriste? (Antes de contestar, formula una sonrisa contagiosa, llena de picardía, recuerdos y ganas por seguir redescubriéndose.)
- Con la percusión volví a sentir la esencia de mi infancia, (lo dice entusiasmado).
Hace 29 años, el ahora director de orquesta de percusión y baterista profesional, se pasaba la mayor parte del día “jugando al músico”: ponía una serie de objetos de cocina en la alfombra de su comedor, en su casa, y “con palitos” les pegaba e inventaba canciones.
Así fue como, con el paso de los años, se decidió a tocar la batería. Pero mucho tiempo no duró, si no hubiese conocido el sentido de los instrumentos que hacen a la percusión y la libertad que esconde la experimentación.
Familia y música, una “delicada” combinación
El límite que un músico puede trazar entre la familia y el arte es dilatado. Y su combinación podría resultar “delicada”, como sugiere calificarla Vázquez que, siendo padre de dos niñas y esposo de una mujer que lo acompaña en cada proyecto que lo puede tener horas encerrado en su estudio de producción, concibe a la familia “como el sostén enérgico” de sus creaciones. “Es cierto que la familia y la música son dos mundos disímiles y conjugarlos bien, sin que se dañen, es dificultoso, pero –aclara- cuando la base en casa está bien yo puedo encarar con tranquilidad mi trabajo”.
Todavía sus hijas no han tenido la posibilidad de acompañarlo en sus diferentes conciertos. Sin embargo, desde que nacieron mamaron bien de cerca “el mundo” que rodea a Santiago Vázquez, ya que no puede desprenderse ni un minuto de los instrumentos.
Sin vacilar, el multiinstrumentista -que usa como bandera la intuición- se imagina a sus “nenas”, dentro de unos años, subidas a un escenario acompañando a su padre al ritmo de la vibración.
Por Agustina Heb
Vestido íntegramente de rojo, Santiago Vázquez se pierde entre sus compañeros cuando ya están ubicados, cada uno con su instrumento específico, en el descanso de la escalera colosal del patio de la Ciudad Cultural Konex, para dar lugar a La Bomba de Tiempo, el show de percusión e improvisación que cada lunes, desde 2006, hace vibrar el cuerpo y la mente de los espectadores. Detrás de los músicos, una pantalla proyecta el juego cómplice entre los artistas y el público, que se mantendrá en las dos horas que durará la fiesta.
Un saludo de bienvenida distingue al Director General del colectivo artístico: la cara de Santiago Vázquez, con micrófono en mano, se visualiza desde aquélla pantalla. “Buenas noches, gracias por venir. Como todos los lunes: ¡La Bomba!”, anuncia y agradece. La respuesta de los “invitados” -como Santiago llama al público- no tarda en sentirse: todos de pie, aplauden, silban y sudan, al tiempo que se preparan para mover el esqueleto.
Nuevamente Santiago se escabulle en el grupo, conformado por diecisiete integrantes.
El festejo que sacude el primer día de la semana terminó. Las secuelas tardan en irse. “Hay que quedarse tranquilo unas horas, dejar que decante la vibración”, explica Santiago, sentado en una tarima que forma parte del camarín, con una botella de agua mineral “sin gas” en su mano derecha, sobre el momento de meditación al cual debe llegar después de los shows, porque sino el efecto podría ser contraproducente. “Por ahí te dormís y a media mañana te levantás y quedás así (abre grandes los ojos verdes y crea una cara atónita)”.
De a poco Santiago tranquiliza su cuerpo, sus sentidos, pero su ropa y su pelo transpirados evidencian ese “eco” que suele llamar “post-Bomba”. Ahora la figura es él, sólo él. Porque en escena siempre es parte del montón artístico, una actitud que tiene presente en el momento de llevar adelante sus proyectos y que, en este caso en particular, sumado a su originalidad y trayectoria musical, plasmadas en La Bomba de Tiempo, le valió la nominación a los Premios Clarín Espectáculos 2009, como “revelación melódica popular”, que se entregarán el próximo 30 de noviembre.
- Si bien tu función en La Bomba es la de director principal, antes de que te toque asumir ese rol, sos uno más del resto. ¿Qué valor tenés del concepto “grupo”?
- Por un lado, es el desafío principal del colectivo. Ese es el trabajo que merece la pena, más que la calidad del trabajo individual. Pero creo que la capacidad que podamos lograr al trabajar en común es el valor real de ese concepto, que es lo que me llena de experiencia y aprendizaje.
- Hasta al público integran en el show…
- Totalmente. Yo siento que nuestra función es un rol dentro de `algo´ que está sucediendo y que es más grande que el grupo mismo: nos incluye a nosotros, a cada persona, al público en general, a los técnicos y hasta al barrio. Y eso es magnífico, porque nos sirve para manejarnos en comunidad.
A Santiago Vázquez le resulta habitué trabajar en equipo. Y gracias a la tolerancia de la unidad es como en más de diez años logró acaparar diversos y prestigiosos músicos, y conformar diferentes agrupaciones musicales en donde despliega su pura y flexible imaginación, combinada con su capacidad artística como multiinstrumentista.
El multifacético argumenta que cada trabajo que realiza le resulta necesario, ya que desde ahí se explicita su nivel de maduración. No obstante, hay algo más por lo cual se ve destinado a encararlo: “En algún lugar hay algo que me está exigiendo hacerlo”, cuenta y deja en claro que no sólo se trata de una elección. “No sé de donde despierta, pero es como la sed, una especie de necesidades puntuales que de pronto ¡tuc! (golpea con la mano izquierda su cabeza), se aúnan en una idea y ahí aparece esa vocecita”.
“Encarar un proyecto es como jugar a las damas: si no veo que la idea logra comer mi necesidad interior no me muevo, espero”. Aquí es cuando Santiago esclarece esa pizca de madurez que cree necesaria para desembocar en una producción: reflexión y motivación. “Tuve que esperar bastante hasta sentir que podía mostrar en público mi saber como percusionista”, manifiesta y hace referencia a Juan Carlos “Mono” Fontana -pianista argentino destacado y gran innovador del uso de la improvisación en vivo con diferentes instrumentos- como la persona que lo motivó para lanzarse “en el circuito de los bombos”, tras la convocatoria al dúo La Cangura, allá por 1996.
La intuición, guía de un improvisado
Definir a Santiago Vázquez resulta bastante dificultoso a la hora de encasillarlo en una labor específica de la corriente musical. Desde chico (1972), su ambición se centró en la búsqueda constante de nuevos sonidos, a través de la innovación combinada con el canto, la composición musical y el estudio de los instrumentos.
- ¿Cómo describirías la evolución que adquiriste, al poner en la balanza tu desarrollo hasta como productor musical?
- (Piensa elevando los ojos hacia arriba). Es un caminito, un paso te lleva al otro. Uno nunca sabe a dónde va ni por qué está dando el paso que da, simplemente seguís a la intuición.
- ¿Se podría establecer que la intuición fui tu guía?
- Sí. Según mi criterio, me parece muy importante creerle a esa percepción, no tenerle miedo, porque en la dirección que uno esté siempre habrá algo que valdrá la pena encontrar.
- ¿Qué fue lo que descubriste? (Antes de contestar, formula una sonrisa contagiosa, llena de picardía, recuerdos y ganas por seguir redescubriéndose.)
- Con la percusión volví a sentir la esencia de mi infancia, (lo dice entusiasmado).
Hace 29 años, el ahora director de orquesta de percusión y baterista profesional, se pasaba la mayor parte del día “jugando al músico”: ponía una serie de objetos de cocina en la alfombra de su comedor, en su casa, y “con palitos” les pegaba e inventaba canciones.
Así fue como, con el paso de los años, se decidió a tocar la batería. Pero mucho tiempo no duró, si no hubiese conocido el sentido de los instrumentos que hacen a la percusión y la libertad que esconde la experimentación.
Familia y música, una “delicada” combinación
El límite que un músico puede trazar entre la familia y el arte es dilatado. Y su combinación podría resultar “delicada”, como sugiere calificarla Vázquez que, siendo padre de dos niñas y esposo de una mujer que lo acompaña en cada proyecto que lo puede tener horas encerrado en su estudio de producción, concibe a la familia “como el sostén enérgico” de sus creaciones. “Es cierto que la familia y la música son dos mundos disímiles y conjugarlos bien, sin que se dañen, es dificultoso, pero –aclara- cuando la base en casa está bien yo puedo encarar con tranquilidad mi trabajo”.
Todavía sus hijas no han tenido la posibilidad de acompañarlo en sus diferentes conciertos. Sin embargo, desde que nacieron mamaron bien de cerca “el mundo” que rodea a Santiago Vázquez, ya que no puede desprenderse ni un minuto de los instrumentos.
Sin vacilar, el multiinstrumentista -que usa como bandera la intuición- se imagina a sus “nenas”, dentro de unos años, subidas a un escenario acompañando a su padre al ritmo de la vibración.
Por Agustina Heb
sábado, 5 de diciembre de 2009
El pacto del bolsillo y las chillonas
Desquiciadas, en plena convulsión y exasperación, cuelgan sus bolsillos sobre las telas que, retaceadas y luego fundidas, confluyeron en prenda. No tienen otro propósito, sólo prenderse a ese fino, resbaladizo, contagioso y ¡cómplice! atuendo. El por qué tiembla, medita, hasta que de sus ojos supura un signo que envicia, la clave del vicio. Una “ese” traspasada, cortada, que se desangra en aquéllos bolsillos. Suciedad. Más consumo. Más ambición. Nuevamente ellas, ahí, olfatean sin cintura, sin importar el qué dirán adentro de ese ambiente-recargado-de-retazos-valiosos. Pero afuera la cosa cambia, la palabra prejuicio danza en las mentes de señoras -¡y hasta pequeñitas!- enfrascadas en la “ese” partida a la mitad. Débil antes, en el bolsillo, pero fuerte cuando sale a la vista del montón.
Suavidad preciosa, estampa rabiosa, contagio de manos que se multiplican en el ambiente, tacos que pisan nerviosos el piso (hasta sudan).
Desvío de ojos, el bolsillo elije, la mano acepta, los dedos manosean el deseo. Las mujeres pactan con el bolsillo. Respiran profundo, tragan suavemente –con risita chillona que se escapa de entre sus dientes manchados con rush- y se piensan ahí, en el montón de retazos. El pacto se concreta. La mente volvió a fallar.
Suavidad preciosa, estampa rabiosa, contagio de manos que se multiplican en el ambiente, tacos que pisan nerviosos el piso (hasta sudan).
Desvío de ojos, el bolsillo elije, la mano acepta, los dedos manosean el deseo. Las mujeres pactan con el bolsillo. Respiran profundo, tragan suavemente –con risita chillona que se escapa de entre sus dientes manchados con rush- y se piensan ahí, en el montón de retazos. El pacto se concreta. La mente volvió a fallar.
Soplo de vértigo
Estaba parada, derramando gotas sobre sus mejillas,
queriendo escapar de su pesadilla,
buscando un refugio para olvidar sus penurias,
engañada en promesas que la condenaron
a quitarse el alma.
Olvidó amar, y se paró frente al mar.
El pasado y el presente se convirtieron
en un instante de vértigo.
La brisa pegaba fuerte.
queriendo escapar de su pesadilla,
buscando un refugio para olvidar sus penurias,
engañada en promesas que la condenaron
a quitarse el alma.
Olvidó amar, y se paró frente al mar.
El pasado y el presente se convirtieron
en un instante de vértigo.
La brisa pegaba fuerte.
Las cinco puntas de la mano
Como las líneas que se entrecruzan
en la palma de mi mano,
sigo girando en el desorden.
Mis dedos, como puntas, equivalen
a las puertas que debería sortear
para ver en cuál de todas ellas estás,
tardío amor, esperanzador.
Y mientras me sumerjo en los candados,
observo -extasiada en ansias- si mi llave
coincide en las concavidades de tu raíz,
fina, lunga, cuasi consciente de que te pruebo.
Y me repruebo.
en la palma de mi mano,
sigo girando en el desorden.
Mis dedos, como puntas, equivalen
a las puertas que debería sortear
para ver en cuál de todas ellas estás,
tardío amor, esperanzador.
Y mientras me sumerjo en los candados,
observo -extasiada en ansias- si mi llave
coincide en las concavidades de tu raíz,
fina, lunga, cuasi consciente de que te pruebo.
Y me repruebo.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Entrevista al escritor Juan Terranova
“Necesito conexión a banda ancha y que funcione bien para poder escribir”
Algo inquieta a Juan Terranova. No deja pasar muchos minutos entre cada una de las veces que da vuelta ese cuadrito de la librería Eterna cadencia -donde presentó Los amigos soviéticos (2009), su novela más reciente- para buscar algún indicio. No saber quién es el escritor ahí retratado no parece dejarlo tranquilo, y la falta de una referencia en forma de plaquita de bronce, como las que llevan los portaretratos de Gabriel García Márquez y Oscar Wilde, no ayuda. Su incertidumbre se transforma en denuncia: “Esto es marketing, tener estas fotitos acá porque es una librería”. Entonces, el escritor, que tiene 33 años, convierte al marketing el política. Los mozos del bar de Eterna cadencia probablemente advertieron extrañados, cuando Juan dejó el local, que la cara de ese escritor en blanco y negro, que quizás ellos tampoco sabían quién era, había sido reemplazada por una foto a color de Martín Sabbatella, dirigente del partido Encuentro por la Democracia y Equidad (EDE), donde Terranova milita.
Sin embargo, su denuncia no es condena. Juan, considerado uno de los escritores de “la joven guardia”, denominador común de un grupo de autores recopilados en un libro homónimo en 2005, entiende al marketing como un elemento instrínseco del ambiente en el que se mueve: “El mundo de la literatura está pegado al mundo del marketing, y no es necesariamente algo malo. Muchos nos acusan (a los escritores de “la joven guardia”) de que no escribimos y vivimos de la promoción, de levantarnos a las secretarias de las editoriales. ¿De qué moral tachamos al marketing? La tachan desde el momento que no la pueden hacer ellos. Yo publiqué once libros y escribí 130 columnas semanales”, resalta.
-¿Por qué no te gusta ser rotulado como un escritor de “la joven guardia”?
- Para empezar, nunca fui guardia y ya empecé a dejar de ser joven. No creo que yo represente a ese colectivo de gente, tengo mi lugar de pertenencia en otro lado, por ejemplo, en La 3era, que es la revista que estoy haciendo ahora y en el partido donde empecé a militar este año.
La política es personaje pero no protagonista en Los amigos soviéticos, que narra la cotidianeidad de un porteño junto a dos amigos rusos, en un constante y espontáneo revisionismo del comunismo soviético, con guiños a la Argentina del 2008, conflicto campo-Gobierno incluído.
-La historia que remite la novela, ¿podría haber ocurrido en otra época?
-No, hubiera sido otra novela. Me interesa que la literatura tenga un lugar de procendencia, que se fije en algún lado. Uno de los grandes capitales simbólicos que tiene el escritor es el presente. Vale la pena contar historias sobre lo que pasa hoy y acá.
-¿Cómo llevás a cabo tu proceso de escritura, con este anclaje en el presente que te gusta que lleve como marca?
-Siempre tengo muchas ideas en la cabeza, que probablemente nunca escriba, y las anoto. Cuando encuentro la solución performativa para esa idea, la forma de escribirla, el libro sale. Hay una pata en mi escritura que tiene que ver con incluir cosas que me van pasando, en forma anecdótica. Pero también está la otra pata que es la web. Trabajo mucho con materiales, tengo archivos de Word organizados. En otra época, cuando escribí mi primera novela, El caníbal (2002), trabaja con recortes de diario.
-Hiciste una transición de papel a la web, ¿hoy podrías escribir sin internet?
-No, necesito conexión a banda ancha y que funcione bien para poder escribir, sino me siento desnudo. Si existe esa famosa cabaña en el bosque, donde los periodistas se retiran a escribir una gran obra, por favor que la mía tenga wi fi.
Juan -que hoy vive “un poco de los libros, un poco de la docencia y un poco del periodismo”, al que define como “el peor oficio del mundo”- es un confeso adicto a internet que define a Facebook como “el nuevo porno”. “Hay una idea de espiar en el Facebook, un placer voyeurista de que tiene que ver con mirar la intimidad del otro”, explica. Además, agrega que permanece horas mirando fotos en esa plataforma y que colecciona imágenes de fiestas de disfraces. “Es un experimento social que me encanta -expresa-, es una de las actividades literarias a la que más tiempo le dedico”. Sin embargo, confiesa que aún no sabe como trasladará este ejercicio a su literatura.
El escritor, que tiene un blog, una cuenta en Twitter y, por supuesto, Facebook, considera a la explosión tecnológica como la tercera revolución industrial.
-¿Qué implicancias tiene esto, tanto a nivel social como literario?
-Está cambiando el tejido social, la forma de relacionarnos. Lo que llama la atención es que los escritores no reaccionen contra esto más rápido, que en lugar de escribir sobre este fenómeno lo sigan haciendo sobre sus yo internos aburridos. Uno de los grandes temas de la literatura, como es la infidelidad, se reconfigura totalmente a partir de la tecnología en comunicaciones. Si Madame Bovary viviera hoy tendría tres celulares, se la pasaría chateando y sería fanática del Blackberry. Se juntarían la pasión de la mina por la lectura con la pasión por engañar al marido.
Un excelente navegador de la web que escribe libros
-Juan Terranova nació en Buenos Aires el 28 de diciembre de 1975.
-Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires.
-Hizo una maestría en Sociología de la cultura en 2002 .
-También en 2002, publicó El caníbal, su primera novela.
-En 2005, se publicó La joven guardia, una antología de autores jóvenes que incluía cuentos suyos.
-Trabajó durante años en la sección de cultura del diario Perfil, de donde lo echaron en 2007.
-Tiene once libros publicados, entre ellos, El pornógrafo (2005), Mi nombre es Rufus (2008) y Lejos de Berlín (2009).
-Entre 2005 y 2008 escribió en el blog ¿Cuál es la pregunta, Terranova?-En la actualidad, tiene un blog llamado El conejo de la suerte.
-Se define en el perfil de su cuenta de Twitter de la siguiente manera: “Nací en Buenos Aires, escribo libros y soy un excelente nadador”.
-De acuerdo a su Facebook, sus intereses son James Joyce, el tango, el nazismo, el comunismo soviético, los rinocerontes, los duraznos y Roberto Arlt.
-Tiene 869 amigos en Facebook.
Algo inquieta a Juan Terranova. No deja pasar muchos minutos entre cada una de las veces que da vuelta ese cuadrito de la librería Eterna cadencia -donde presentó Los amigos soviéticos (2009), su novela más reciente- para buscar algún indicio. No saber quién es el escritor ahí retratado no parece dejarlo tranquilo, y la falta de una referencia en forma de plaquita de bronce, como las que llevan los portaretratos de Gabriel García Márquez y Oscar Wilde, no ayuda. Su incertidumbre se transforma en denuncia: “Esto es marketing, tener estas fotitos acá porque es una librería”. Entonces, el escritor, que tiene 33 años, convierte al marketing el política. Los mozos del bar de Eterna cadencia probablemente advertieron extrañados, cuando Juan dejó el local, que la cara de ese escritor en blanco y negro, que quizás ellos tampoco sabían quién era, había sido reemplazada por una foto a color de Martín Sabbatella, dirigente del partido Encuentro por la Democracia y Equidad (EDE), donde Terranova milita.
Sin embargo, su denuncia no es condena. Juan, considerado uno de los escritores de “la joven guardia”, denominador común de un grupo de autores recopilados en un libro homónimo en 2005, entiende al marketing como un elemento instrínseco del ambiente en el que se mueve: “El mundo de la literatura está pegado al mundo del marketing, y no es necesariamente algo malo. Muchos nos acusan (a los escritores de “la joven guardia”) de que no escribimos y vivimos de la promoción, de levantarnos a las secretarias de las editoriales. ¿De qué moral tachamos al marketing? La tachan desde el momento que no la pueden hacer ellos. Yo publiqué once libros y escribí 130 columnas semanales”, resalta.
-¿Por qué no te gusta ser rotulado como un escritor de “la joven guardia”?
- Para empezar, nunca fui guardia y ya empecé a dejar de ser joven. No creo que yo represente a ese colectivo de gente, tengo mi lugar de pertenencia en otro lado, por ejemplo, en La 3era, que es la revista que estoy haciendo ahora y en el partido donde empecé a militar este año.
La política es personaje pero no protagonista en Los amigos soviéticos, que narra la cotidianeidad de un porteño junto a dos amigos rusos, en un constante y espontáneo revisionismo del comunismo soviético, con guiños a la Argentina del 2008, conflicto campo-Gobierno incluído.
-La historia que remite la novela, ¿podría haber ocurrido en otra época?
-No, hubiera sido otra novela. Me interesa que la literatura tenga un lugar de procendencia, que se fije en algún lado. Uno de los grandes capitales simbólicos que tiene el escritor es el presente. Vale la pena contar historias sobre lo que pasa hoy y acá.
-¿Cómo llevás a cabo tu proceso de escritura, con este anclaje en el presente que te gusta que lleve como marca?
-Siempre tengo muchas ideas en la cabeza, que probablemente nunca escriba, y las anoto. Cuando encuentro la solución performativa para esa idea, la forma de escribirla, el libro sale. Hay una pata en mi escritura que tiene que ver con incluir cosas que me van pasando, en forma anecdótica. Pero también está la otra pata que es la web. Trabajo mucho con materiales, tengo archivos de Word organizados. En otra época, cuando escribí mi primera novela, El caníbal (2002), trabaja con recortes de diario.
-Hiciste una transición de papel a la web, ¿hoy podrías escribir sin internet?
-No, necesito conexión a banda ancha y que funcione bien para poder escribir, sino me siento desnudo. Si existe esa famosa cabaña en el bosque, donde los periodistas se retiran a escribir una gran obra, por favor que la mía tenga wi fi.
Juan -que hoy vive “un poco de los libros, un poco de la docencia y un poco del periodismo”, al que define como “el peor oficio del mundo”- es un confeso adicto a internet que define a Facebook como “el nuevo porno”. “Hay una idea de espiar en el Facebook, un placer voyeurista de que tiene que ver con mirar la intimidad del otro”, explica. Además, agrega que permanece horas mirando fotos en esa plataforma y que colecciona imágenes de fiestas de disfraces. “Es un experimento social que me encanta -expresa-, es una de las actividades literarias a la que más tiempo le dedico”. Sin embargo, confiesa que aún no sabe como trasladará este ejercicio a su literatura.
El escritor, que tiene un blog, una cuenta en Twitter y, por supuesto, Facebook, considera a la explosión tecnológica como la tercera revolución industrial.
-¿Qué implicancias tiene esto, tanto a nivel social como literario?
-Está cambiando el tejido social, la forma de relacionarnos. Lo que llama la atención es que los escritores no reaccionen contra esto más rápido, que en lugar de escribir sobre este fenómeno lo sigan haciendo sobre sus yo internos aburridos. Uno de los grandes temas de la literatura, como es la infidelidad, se reconfigura totalmente a partir de la tecnología en comunicaciones. Si Madame Bovary viviera hoy tendría tres celulares, se la pasaría chateando y sería fanática del Blackberry. Se juntarían la pasión de la mina por la lectura con la pasión por engañar al marido.
Un excelente navegador de la web que escribe libros
-Juan Terranova nació en Buenos Aires el 28 de diciembre de 1975.
-Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires.
-Hizo una maestría en Sociología de la cultura en 2002 .
-También en 2002, publicó El caníbal, su primera novela.
-En 2005, se publicó La joven guardia, una antología de autores jóvenes que incluía cuentos suyos.
-Trabajó durante años en la sección de cultura del diario Perfil, de donde lo echaron en 2007.
-Tiene once libros publicados, entre ellos, El pornógrafo (2005), Mi nombre es Rufus (2008) y Lejos de Berlín (2009).
-Entre 2005 y 2008 escribió en el blog ¿Cuál es la pregunta, Terranova?-En la actualidad, tiene un blog llamado El conejo de la suerte.
-Se define en el perfil de su cuenta de Twitter de la siguiente manera: “Nací en Buenos Aires, escribo libros y soy un excelente nadador”.
-De acuerdo a su Facebook, sus intereses son James Joyce, el tango, el nazismo, el comunismo soviético, los rinocerontes, los duraznos y Roberto Arlt.
-Tiene 869 amigos en Facebook.
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sábado, 21 de noviembre de 2009
Ensayo sobre ciudad y ficción
Me vi sumergida en una escena de película hollywodense. Sería algo así: La joven sintió un escozor cuando reconoció, en el libro que llevaba en sus manos, los lugares que su rutina le hacía recorrer diariamente. Aun más extrañada se sintió cuando el personaje del relato alcanzó el tren que va de Retiro a Tigre, el mismo en el que iba ella en ese momento. La concentración a la que la tenía sumida la lectura del cuento, sin embargo, no le permitió detenerse demasiado en la coincidencia. Pero el sobresalto fue inevitable cuando, tras leer las tres últimas líneas, que contenían el trágico final del protagonista muerto debajo del tren en la estación Olivos, la joven levantó la cabeza y vio, como una risa del destino, las palabras, la estación que acababa de pasar: Olivos.
Podríamos elevar la discusión y decir que me vi sumergida en un cuento de Cortázar, como “La continuidad de los parques”, en el cual un hombre es alcanzado por la acción de la novela que está leyendo. Efectivamente, lo que narro en el párrafo anterior me sucedió mientras leía “La segunda vez”, de Edgardo Cozarinsky. En mi caso, sería algo así como la continuidad de los trenes. Sin embargo, mi falsa modestia no me permite concebirme como un personaje cortaziano. Aunque sí me voy a permitir usar al autor de Rayuela para buscarle una explicación al hecho o, en realidad, para dejar de buscarla. En su texto “El sentimiento de lo fantástico1”, Cortázar propone pensar a lo fantástico, “esas llamadas coincidencias en que de golpe nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad tienen la impresión de que las leyes, a que obedecemos habitualmente, no se cumplen o se están cumpliendo sólo de manera parcial, o están dando su lugar a la excepción”, esos “paréntesis de la realidad”, como algo que está presente en nosotros mismos, que “no se da solamente en la literatura, sino que se proyecta de una manera perfectamente natural” en nuestra vida propia.
Entonces, me pregunto, ¿cuál es la relación entre lo ficcional, lo metafórico, y lo real, lo figurativo? ¿Son la misma cosa, como, a lo mejor, sugiere Cortázar? ¿Dónde está el límite entre ambos? Si yo leo que el tren está pasando por la estación Olivos, ¿el tren efectivamente está pasando por la estación Olivos?
De acuerdo a Paul Ricoeur, existen tres mímesis en el proceso que va desde la vida en acción al acto de lectura, entre el antes del texto y después del texto. Las dos primeras no nos ocupan para estos interrogantes, comprenden el momento previo a la escritura, cuando el sujeto reconoce en la realidad aquellos elementos y establece significaciones simbólicas que luego volcará en el texto, y el proceso de escritura propiamente dicho, cuando el autor configura la trama y establece una refiguración metafórica del campo de acción. La tercera, por su parte, consiste en el momento del acto de lectura, cuando el lector toma la experiencia remitida por el escritor y la refigura según su propia experiencia, la hace confluir con su propia existencia. Temiendo haber caído en tecnicismos y en aproximaciones teóricas para las que mejor resultaría leer al propio Ricoeur, me explico: el tren pasando por la misma estación en la realidad que estaba pasando en el papel y en la realidad que estaba pasando en mi vida no es otra cosa que la confluencia entre dos experiencias, la mía y la de Cozarinsky -buen día Cozarinsky, un gusto conocerlo y cruzarlo por acá, en este tercer mundo que creamos entre sus mímesis 1 y 2 y mi mímesis 3, curiosa confluencia la de nuestras respectivas reconfiguraciones de la realidad, ¿no le parece?-.
La casualidad me explicó de la mejor manera a qué se refiere Ricoeur cuando habla de un tercer tiempo posible en la ficción. El tiempo real es desordenado y muchas cosas ocurren en simultáneo, sin embargo existe una relación de anterioridad y posterioridad que no puede revertirse. El tiempo de la narración debe ser lineal, simplemente porque unas palabras no pueden superponerse a otras y aún así ser inteligibles. La ficción da lugar a un sistema de tiempo con reglas propias, donde el narrador y los personajes pueden ir y venir y, a la vez, se encuentran con el lector. El tren de la ficción pasa por la estación en el instante justo en el que el lector lee que el tren pasa por la estación. Que ese momento coincida con el tren del lector, el tren real, no es más que una invitación, o una cachetada, del universo para comprender lo metafórico de nuestra existencia, lo fantástico de la realidad, a lo Cortázar.
Voy a usar por tercera vez la palabra “confluencia”, es que me gusta pensar a lo metafórico y lo figurativo en un mismo plano. Es así como viendo una foto de Rafael Calviño, en la que un indigente duerme junto a una publicidad gráfica, en la cual dos personas le dan la espalda -y acá ya introduje la confluencia, porque establecí una relación entre eso simbólico (la publicidad) y eso real (la persona que duerme)- yo puedo pensar que lo que estoy viendo existe, y no por ser una fotografía es no real.
Capaz que verdaderamente hay un hombre que duerme usando un cartón de frazada y al lado, justo al lado, dos personas que les dan la espalda y miran una pared. Porque está bien que es una publicidad, y está bien que es una publicidad adentro de una foto, ¿pero no está ya la publicidad, la imagen, inserta en nosotros? ¿No estamos ya formateados? ¿Podemos distinguir, vale la pena distinguir, a esta áltura, la mentira de la verdad? La verdad: un mecanismo extraño para mí reprodujo lo que se vio por la lente de una cámara en un pedazo de papel, papel virtual o real. La mentira: un hombre duerme tapado con cartón al lado de dos personas en un museo de arte banalizado que le dan la espalda. Y ya no sé cual es cual.
Y justamente porque me gusta ese momento en que, congnositivamente, como en lo que acabo de plantear respecto a la foto de Calviño, y de manera más tangible en la anécdota del tren y Cozarinsky, la metáfora coincide con lo real, es que me gusta la ciudad. Porque es, justamente, es el escenario perfecto para la creación de la metáfora, para la resignificación de esa gran bola de realidades que nos arroja permanentemente Buenos Aires, como otras ciudades, en su constante movimiento y sobreabundancia de elementos y lecturas que marean al ojo curioso, al ojo desautomatizado. Acepto esto último como máxima pero no termino de entender por qué. ¿Qué es lo que lleva a la ficción a ocuparse tanto de la ciudad? ¿O qué es lo que lleva a la ciudad a estar tan ocupada por la ficción?
Quizás la anécdota que remito en el primer párrafo sea el ejemplo de cómo y por qué la ciudad da trama a la ficción. Tal vez sea esa sobreabundancia de elementos, de contrastes, la que incita a la literatura a acercarse a la ciudad, o quizás no sea una elección voluntaria, sino que ambas quedaron entrelazadas en una maraña de significados. Porque, justamente, eso tienen en común, son una gran telaraña. ¿Tejida por quién? ¿Será el capitalismo desenfrenado, que encuentra su más (im)perfecta expresión en la ciudad, la araña que teje y da por resultado esa red de la que lo más humano de los humanos quiere escapar y por eso recurre a esa realidad/no realidad que es la ficción para hacerlo?
Por otro lado, la literatura no puede tocar a la ciudad sin marcarla, sin llenarla de su materialidad intangible. En este punto, voy a caer en la irreverencia de citar una obra que no leí. Afortunadamente, Carlos Gamerro, a través de su ensayo “Pérdidos en la ciudad2” disimula un poco mi ignorancia y me permite hablar del Ulises de James Joyce. De acuerdo a Gamerro, la Dublín que construyó Joyce, y por cómo lo hizo, en su novela se mantiene exacta en el tiempo. “Como Dublín ha cambiado poco en cien años, el viajero puede tomarse el trabajo, Ulises en mano, de comprobar por sí mismo la exactitud de sus construcciones urbanas, y donde ya no esté el edificio original probablemente encontrará una plaqueta de bronce con la figura de Leopold Bloom y la cita del Ulises correspondiente: es decir, Joyce no sólo ha puesto a Dublin en un libro, sino que ha logrado que Dublín se convierta en uno: al recorrer las calles de la ciudad la vamos leyendo en las palabras que el autor eligió para ella”, explica el escritor. Y si desconfío de que la fotografía de Calviño sea la verdad y un hombre durmiendo junto a dos personas que le dan la espalda la mentira, ¿por qué no puedo suponer que la Dublín tangible es menos real que esa formación paralela que creó Joyce, y hoy se mantiene a fuerza de placas de bronce, como esos juegos en los que uniendo puntos se forma un dibujo?
Ciudad y ficción se hayan en una relación de reciprocidad. Una le da su elemento a la otra y viceversa. La ciudad le da trama a la ficción y la segunda entrama a la primera, de la misma manera en que lo real le da su sustancia a la metáfora para que esta juege irrespetuosa con ella y la metáfora resignifica a la realidad para que no paresca tan absurda, para unir significados y tranquilizarnos un poco, sentir que estamos presos en algo más profundo que el azar, que ese maraña, esa tela de araña, es una red donde caer, que es más suave que el piso, que el golpe duele menos y que la red está, que no es un abismo.
Podríamos elevar la discusión y decir que me vi sumergida en un cuento de Cortázar, como “La continuidad de los parques”, en el cual un hombre es alcanzado por la acción de la novela que está leyendo. Efectivamente, lo que narro en el párrafo anterior me sucedió mientras leía “La segunda vez”, de Edgardo Cozarinsky. En mi caso, sería algo así como la continuidad de los trenes. Sin embargo, mi falsa modestia no me permite concebirme como un personaje cortaziano. Aunque sí me voy a permitir usar al autor de Rayuela para buscarle una explicación al hecho o, en realidad, para dejar de buscarla. En su texto “El sentimiento de lo fantástico1”, Cortázar propone pensar a lo fantástico, “esas llamadas coincidencias en que de golpe nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad tienen la impresión de que las leyes, a que obedecemos habitualmente, no se cumplen o se están cumpliendo sólo de manera parcial, o están dando su lugar a la excepción”, esos “paréntesis de la realidad”, como algo que está presente en nosotros mismos, que “no se da solamente en la literatura, sino que se proyecta de una manera perfectamente natural” en nuestra vida propia.
Entonces, me pregunto, ¿cuál es la relación entre lo ficcional, lo metafórico, y lo real, lo figurativo? ¿Son la misma cosa, como, a lo mejor, sugiere Cortázar? ¿Dónde está el límite entre ambos? Si yo leo que el tren está pasando por la estación Olivos, ¿el tren efectivamente está pasando por la estación Olivos?
De acuerdo a Paul Ricoeur, existen tres mímesis en el proceso que va desde la vida en acción al acto de lectura, entre el antes del texto y después del texto. Las dos primeras no nos ocupan para estos interrogantes, comprenden el momento previo a la escritura, cuando el sujeto reconoce en la realidad aquellos elementos y establece significaciones simbólicas que luego volcará en el texto, y el proceso de escritura propiamente dicho, cuando el autor configura la trama y establece una refiguración metafórica del campo de acción. La tercera, por su parte, consiste en el momento del acto de lectura, cuando el lector toma la experiencia remitida por el escritor y la refigura según su propia experiencia, la hace confluir con su propia existencia. Temiendo haber caído en tecnicismos y en aproximaciones teóricas para las que mejor resultaría leer al propio Ricoeur, me explico: el tren pasando por la misma estación en la realidad que estaba pasando en el papel y en la realidad que estaba pasando en mi vida no es otra cosa que la confluencia entre dos experiencias, la mía y la de Cozarinsky -buen día Cozarinsky, un gusto conocerlo y cruzarlo por acá, en este tercer mundo que creamos entre sus mímesis 1 y 2 y mi mímesis 3, curiosa confluencia la de nuestras respectivas reconfiguraciones de la realidad, ¿no le parece?-.
La casualidad me explicó de la mejor manera a qué se refiere Ricoeur cuando habla de un tercer tiempo posible en la ficción. El tiempo real es desordenado y muchas cosas ocurren en simultáneo, sin embargo existe una relación de anterioridad y posterioridad que no puede revertirse. El tiempo de la narración debe ser lineal, simplemente porque unas palabras no pueden superponerse a otras y aún así ser inteligibles. La ficción da lugar a un sistema de tiempo con reglas propias, donde el narrador y los personajes pueden ir y venir y, a la vez, se encuentran con el lector. El tren de la ficción pasa por la estación en el instante justo en el que el lector lee que el tren pasa por la estación. Que ese momento coincida con el tren del lector, el tren real, no es más que una invitación, o una cachetada, del universo para comprender lo metafórico de nuestra existencia, lo fantástico de la realidad, a lo Cortázar.
Voy a usar por tercera vez la palabra “confluencia”, es que me gusta pensar a lo metafórico y lo figurativo en un mismo plano. Es así como viendo una foto de Rafael Calviño, en la que un indigente duerme junto a una publicidad gráfica, en la cual dos personas le dan la espalda -y acá ya introduje la confluencia, porque establecí una relación entre eso simbólico (la publicidad) y eso real (la persona que duerme)- yo puedo pensar que lo que estoy viendo existe, y no por ser una fotografía es no real.
Capaz que verdaderamente hay un hombre que duerme usando un cartón de frazada y al lado, justo al lado, dos personas que les dan la espalda y miran una pared. Porque está bien que es una publicidad, y está bien que es una publicidad adentro de una foto, ¿pero no está ya la publicidad, la imagen, inserta en nosotros? ¿No estamos ya formateados? ¿Podemos distinguir, vale la pena distinguir, a esta áltura, la mentira de la verdad? La verdad: un mecanismo extraño para mí reprodujo lo que se vio por la lente de una cámara en un pedazo de papel, papel virtual o real. La mentira: un hombre duerme tapado con cartón al lado de dos personas en un museo de arte banalizado que le dan la espalda. Y ya no sé cual es cual.
Y justamente porque me gusta ese momento en que, congnositivamente, como en lo que acabo de plantear respecto a la foto de Calviño, y de manera más tangible en la anécdota del tren y Cozarinsky, la metáfora coincide con lo real, es que me gusta la ciudad. Porque es, justamente, es el escenario perfecto para la creación de la metáfora, para la resignificación de esa gran bola de realidades que nos arroja permanentemente Buenos Aires, como otras ciudades, en su constante movimiento y sobreabundancia de elementos y lecturas que marean al ojo curioso, al ojo desautomatizado. Acepto esto último como máxima pero no termino de entender por qué. ¿Qué es lo que lleva a la ficción a ocuparse tanto de la ciudad? ¿O qué es lo que lleva a la ciudad a estar tan ocupada por la ficción?
Quizás la anécdota que remito en el primer párrafo sea el ejemplo de cómo y por qué la ciudad da trama a la ficción. Tal vez sea esa sobreabundancia de elementos, de contrastes, la que incita a la literatura a acercarse a la ciudad, o quizás no sea una elección voluntaria, sino que ambas quedaron entrelazadas en una maraña de significados. Porque, justamente, eso tienen en común, son una gran telaraña. ¿Tejida por quién? ¿Será el capitalismo desenfrenado, que encuentra su más (im)perfecta expresión en la ciudad, la araña que teje y da por resultado esa red de la que lo más humano de los humanos quiere escapar y por eso recurre a esa realidad/no realidad que es la ficción para hacerlo?
Por otro lado, la literatura no puede tocar a la ciudad sin marcarla, sin llenarla de su materialidad intangible. En este punto, voy a caer en la irreverencia de citar una obra que no leí. Afortunadamente, Carlos Gamerro, a través de su ensayo “Pérdidos en la ciudad2” disimula un poco mi ignorancia y me permite hablar del Ulises de James Joyce. De acuerdo a Gamerro, la Dublín que construyó Joyce, y por cómo lo hizo, en su novela se mantiene exacta en el tiempo. “Como Dublín ha cambiado poco en cien años, el viajero puede tomarse el trabajo, Ulises en mano, de comprobar por sí mismo la exactitud de sus construcciones urbanas, y donde ya no esté el edificio original probablemente encontrará una plaqueta de bronce con la figura de Leopold Bloom y la cita del Ulises correspondiente: es decir, Joyce no sólo ha puesto a Dublin en un libro, sino que ha logrado que Dublín se convierta en uno: al recorrer las calles de la ciudad la vamos leyendo en las palabras que el autor eligió para ella”, explica el escritor. Y si desconfío de que la fotografía de Calviño sea la verdad y un hombre durmiendo junto a dos personas que le dan la espalda la mentira, ¿por qué no puedo suponer que la Dublín tangible es menos real que esa formación paralela que creó Joyce, y hoy se mantiene a fuerza de placas de bronce, como esos juegos en los que uniendo puntos se forma un dibujo?
Ciudad y ficción se hayan en una relación de reciprocidad. Una le da su elemento a la otra y viceversa. La ciudad le da trama a la ficción y la segunda entrama a la primera, de la misma manera en que lo real le da su sustancia a la metáfora para que esta juege irrespetuosa con ella y la metáfora resignifica a la realidad para que no paresca tan absurda, para unir significados y tranquilizarnos un poco, sentir que estamos presos en algo más profundo que el azar, que ese maraña, esa tela de araña, es una red donde caer, que es más suave que el piso, que el golpe duele menos y que la red está, que no es un abismo.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Coquetería visual
Siempre la veía pasar por el mismo lugar. La vereda por la que caminaba, tan exacta y compacta por baldosas quebradas por el pasar de los años – ¿cuántos han transitado por ellas?-. Sus expresiones y costumbres, encerradas en su modo de vestir, de caminar velozmente y de moverse frente a la adversidad sostenida por los aires de los que giran – vagabundos que están allí por una causa emparentada por los actos y responsabilidades de momento- sacudían la atención -¡oh!, y con tan impresionismo- de este inequívoco acechador de engañoso ilusionismo pasional. Lo cierto es que cuando la veía aparecer, inmediatamente me asomaba desde lo alto para suspirar su pasar, y creerme cerca de ella aunque sea con mi ilusión óptica, porque –para ser sincero- era sólo una chica a la que nunca iba a poder atravesar. Mi causa era concreta. La esperaba cada mediodía, aunque los pájaros estuviesen decididos a contagiarnos de sus cantatas veraniegas o que se decidiesen a encerrarse en sus nidos por el frío. Era mi amor, ése amor, el mismo que se esfumaba una vez que doblaba en la esquina y cruzaba –mirando hacia los laterales de la calle perpendicular a la que ya dejaba atrás- hacia la estación de tren.
Tenía la sensación de que la conocía de algún lado. Por eso me enfadé con seguirla visualmente en esos ratos de descanso –para mí, claro; me daba la impresión de que siempre estaba ocupada, nada hacía detener su caminar-. Era todo una ceremonia: salía del taller, dejaba los pasteles y pinceles a un lado, y me entregaba por completo a la energía solar, pero no hablada químicamente, sino su presencia, que me dejaba ver con más claridad el casi celestial techo del mundo, el cielo, en fin. Y luego de la golpiza de carga cándida, aparecía la muchachita –musa de mis deseos, indescriptibles deseos, de acercarme a ella, rociarla con la mirada, y apresurarme al momento de poner en claro mi pesar. El trecho entre ella-y-mi-ser volvía ensordecedor al ánimo por llamar su atención. ¿Cómo lograrlo? La gravedad del miedo se tornaba cada vez más agudo. El miedo –sensación que en sólo cinco letras puede resumir lo que abruma a una persona- que me trababa el accionar de impulso que me haga bajar las escaleras y alcanzarla en la esquina, para no dejarla cruzar por la calle que la conduciría al tubo que la llevaría a otro puerto, quién sabe cuán lejos de mí.
Intacta, sin desviarse, posó para mí una y otra vez. El tiempo fijaba la vejez, los días –precisamente- se acotaban al palpitar que me surcaba y ahorcaba cuando experimentaba la soledad. La luz, intensa, no pedía permiso. Se acomodaba lentamente, proyectando lo mejor de ella a través de los huecos de la persiana. Sin salirse de mi lado, me acompañaba hasta la aparición repetida de la pasajera en tránsito.
¿Cuánto puede durar un click? ¿Cuánto puede durar una imagen? ¿Cuánto tiempo vive una imagen?, ¿y cuánto el ser retratado? Hay expresiones y sensaciones que sólo pueden percibirse con una eficaz observación, con un estudio perseverante que pone en juego que es lo que uno puede sacar del otro. Pero a mí me sucedió algo mágico, porque yo saqué algo de mí a través del retrato. Un recurso que es difícil de agotar pero más complejo de alcanzar: la comprensión. Hay barreras que nos separan, pero sentimientos que nos encuentran.
Elena, siempre seguiré mirando tu fotografía, siempre esperaré a la invitación del sol para mirarte, y asegurarte mía hasta agotar los sentidos que poseemos. Te imaginaré conmigo, acariciándote lentamente, puramente joven. Las fotos se arrugan, se agrietan, el color deja en el camino su definición. Pero en mi mente, las imágenes –afortunadamente- esquivan el desgaste temporal. Mi dedo aprieta el botón, el botón hace click, y la esquina se vuelve a iluminar.
Tenía la sensación de que la conocía de algún lado. Por eso me enfadé con seguirla visualmente en esos ratos de descanso –para mí, claro; me daba la impresión de que siempre estaba ocupada, nada hacía detener su caminar-. Era todo una ceremonia: salía del taller, dejaba los pasteles y pinceles a un lado, y me entregaba por completo a la energía solar, pero no hablada químicamente, sino su presencia, que me dejaba ver con más claridad el casi celestial techo del mundo, el cielo, en fin. Y luego de la golpiza de carga cándida, aparecía la muchachita –musa de mis deseos, indescriptibles deseos, de acercarme a ella, rociarla con la mirada, y apresurarme al momento de poner en claro mi pesar. El trecho entre ella-y-mi-ser volvía ensordecedor al ánimo por llamar su atención. ¿Cómo lograrlo? La gravedad del miedo se tornaba cada vez más agudo. El miedo –sensación que en sólo cinco letras puede resumir lo que abruma a una persona- que me trababa el accionar de impulso que me haga bajar las escaleras y alcanzarla en la esquina, para no dejarla cruzar por la calle que la conduciría al tubo que la llevaría a otro puerto, quién sabe cuán lejos de mí.
Intacta, sin desviarse, posó para mí una y otra vez. El tiempo fijaba la vejez, los días –precisamente- se acotaban al palpitar que me surcaba y ahorcaba cuando experimentaba la soledad. La luz, intensa, no pedía permiso. Se acomodaba lentamente, proyectando lo mejor de ella a través de los huecos de la persiana. Sin salirse de mi lado, me acompañaba hasta la aparición repetida de la pasajera en tránsito.
¿Cuánto puede durar un click? ¿Cuánto puede durar una imagen? ¿Cuánto tiempo vive una imagen?, ¿y cuánto el ser retratado? Hay expresiones y sensaciones que sólo pueden percibirse con una eficaz observación, con un estudio perseverante que pone en juego que es lo que uno puede sacar del otro. Pero a mí me sucedió algo mágico, porque yo saqué algo de mí a través del retrato. Un recurso que es difícil de agotar pero más complejo de alcanzar: la comprensión. Hay barreras que nos separan, pero sentimientos que nos encuentran.
Elena, siempre seguiré mirando tu fotografía, siempre esperaré a la invitación del sol para mirarte, y asegurarte mía hasta agotar los sentidos que poseemos. Te imaginaré conmigo, acariciándote lentamente, puramente joven. Las fotos se arrugan, se agrietan, el color deja en el camino su definición. Pero en mi mente, las imágenes –afortunadamente- esquivan el desgaste temporal. Mi dedo aprieta el botón, el botón hace click, y la esquina se vuelve a iluminar.
jueves, 22 de octubre de 2009
Al límite
Foto de Rafael CalviñoLa cosa es así. Me piden un divague académico pero le voy a sacar lo de académico. Porque la semana pasada escribí algo así como “en este punto alcanzan un mismo plano de significación la imagen dentro de la imagen, el museo de arte banalizado, y lo figurativo”, y ni yo, y sobre todo yo, entendía lo que decía mientras lo leía en voz alta y ponía cara de “¿yo escribí esto?” (¿será esa una especie de extrañamiento?). En fin, lo que quería decir es que todo este año me vienen hablando, acá (acá no, esta es mi casa, pero cuando lo lea el acá va a ser un aula), de desestructuración. De pensar lo cotidiano, lo naturalizado, como histórico, contrucción y social. Y que Marcuse, y que el aceptar lo fantástico como parte de lo real, y que los colectivos son elefantes que se persiguen, y hasta escribí que alguien iba a comer a besos a alguien y eso era antropofagia. Chau metáfora aprehendida con hache. Entonces, a lo que iba, es en que ya no creo que lo real sea la foto en sí y lo ficcional lo que representa, lo que refiere, lo que denota. Capaz que verdaderamente hay un hombre durmiendo usando un cartón de frazada y al lado, justo al lado, dos personas que les dan la espalda y miran una pared. Porque está bien que es una publicidad, y está bien que es una publicidad adentro de una foto, ¿pero no está ya la publicidad, la imagen, inserta en nosotros? ¿No estamos ya formateados? ¿Podemos distinguir, vale la pena distinguir, a esta áltura, la mentira de la verdad? La verdad: un mecanismo extraño para mí reprodujo lo que se vio por la lente de una cámara en un pedazo de papel, papel virtual o real. La mentira: un hombre duerme tapado con cartón al lado de dos personas en un museo de arte banalizado que le dan la espalda. Y ya no sé cual es cual. Y hoy elijo plantarme y decir que no creo más en las metáforas. Como si fuera algo en lo que se elije creer o no. Si no era así, hoy lo inauguro yo. Soy más escéptica que nunca. Lo que está ahí reflejado es. ¿Porque acaso no es eso el arte? ¿La capacidad de mostrar una realidad que existe? Porque no importa si esas tres personas de las fotos no estaban efectivamente ahí, no importa nisiquiera si estaban armadas con photoshop, o si eran un dibujo. En algún lado existen, en alguno y muchos lados, en todos. Y yo soy esas personas, a veces las de la publicidad y a veces el hombre que duerme. Porque a veces me dieron la espalda y muchas veces la dí. Y que yo llegue a esa conclusión gracias a mirar algo que no existe (o sí, me contradigo y me vuelvo a contradecir y está bien) se llama arte. Y nuevamente caigo en escribir algo que cuando lea en voz alta ni yo ni nadie va a entender, pero en este momento, lo juro, tiene tanto sentido. Y es tan sentido. Catártico.
domingo, 18 de octubre de 2009
El segundo sexo - Simone de Beauvoir

"La mujer tiene ovarios y útero, y estas condiciones singulares la encierran en su subjetividad. De ella se dice gustosamente que piensa con las glándulas. El hombre olvida, en su soberbia, que su anatomía también supone hormonas, testículos. Toma su cuerpo como una relación directa y normal con el mundo, al cual cree aprehender con su objetividad, mientras que considera que el cuerpo de la mujer se encuentra como entorpecido por cuanto lo especifica: un obstáculo, una prisión."
miércoles, 7 de octubre de 2009
Festival Internacional de Buenos Aires
Una maratón de obras en medio de una situación crítica para el teatro
Se reavivará la tendencia de la fusión entre música y drama; según algunos de los participantes y especialistas en artes dramáticas, el circuito alternativo atraviesa una de sus mayores crisis, por falta de público sostenido en el tiempo y por carencia de medios de difusión.
Cuatro letras pintorescas, que pertenecen a los afiches esparcidos por las largas avenidas de la Ciudad de Buenos Aires, dan cuenta del festejo que se apoderará de la atención de los amantes del arte escénico contemporáneo del 5 al 17 de octubre. El VII Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) se desarrollará en el marco de una serie de cambios que lo diferenciará de las seis ediciones anteriores. El directorio artístico dejó de estar a cargo de Graciela Casabé para ser representado por Rúben Szuchmacher y Alberto Ligaluppi, quienes establecieron nuevas condiciones en el momento de seleccionar las obras.
Por un lado, espectáculos argentinos que no hayan participado con anterioridad al evento que se realiza cada dos años. La idea central es promover la inclusión de trabajos del interior del país, conformándose así la presencia de dos obras de Córdoba, una de Santa Fe y otra de Tucumán (sobre un total de casi 500 presentadas). De la capital porteña han sido seleccionadas 24.
En cuanto a las innovaciones internacionales, los representantes del FIBA han sido rigurosos con la elección, ya que remarcaron mayor presencia de grupos regionales, como Paraguay – será su primera visita-, al tener en cuenta “la idea de diálogo entre ciudades y la creatividad de obras en contraposición a las grandes producciones marquetineras de compañías del exterior, generalmente provenientes de Europa”, justificó Szuchmacher. De este modo, el número se fijó en 28 realizaciones de afuera.
Según las estimaciones difundidas en el momento de promoción de eventos por el gobierno de la Ciudad y por su ministerio de Cultura, cuyos representantes son Mauricio Macri y Hernán Lombardi, respectivamente, Buenos Aires está ubicada en un rango privilegiado culturalmente, dentro de las capitales de América Latina. Sin embargo, en la práctica las apreciaciones no son las mismas.
Las oportunidades de muchos artistas del circuito no-convencional han adoptado en los últimos años una posición de desamparo en cuanto al acceso de la producción y promoción de obras. ¿Qué tipo de participación se le dá a grupos del interior en el FIBA, cuando sólo fueron seleccionados espectáculos de tres provincias? ¿Hasta dónde llegará la concentración porteña? Tan es el desgaste de este arte, nacido para salir de las líneas generales contemporáneas, que hasta sus cultores se ven arrastrados a buscar “nuevos espectadores” (ver aparte).
Con una expresión de rabia y exaltación, Estela Castronuovo, coordinadora del Teatro argentino, latinoamericano e hispánico (TeALHi)-programa dependiente del Instituto de Artes del Espectáculo de la facultad de Filosofía y Letras- estableció que el problema del desconocimiento de la producción del interior “es un tema que hace rato viene sucediendo”, a tal punto que la licenciada en artes dramáticas remarcó que ésta es una cuestión de “políticas culturales que superan al FIBA”.
Según las concepciones de Castronuovo, “existe una sensación de anquilosamiento estético, que deja de lado a mucha gente talentosa”, y para reparar ese “acartonamiento” se necesita “un soplo de aire fresco”. En la misma sintonía, la secretaria de Cultura de la Asociación Argentina de Actores, Susana di Gerónimo –con basta trayectoria como actriz, docente y directora de teatro- sostuvo que “hay una gran actividad en las provincias que no es difundida y que lucha con muchísimos inconvenientes. Debería garantizarse un apoyo que además les genere una remuneración como trabajadores”.
El tucumano Diego Bernachi, director e integrante de la obra Il Fait Mauvais…Llueve que participará del Festival, dejó sentado el panorama que se vive en su provincia natal:”Nosotros no tenemos la posibilidad no porque no queramos, sino porque no se nos permite”. ¿Desde dónde y quiénes dan las directivas? Sin dudar, Bernachi manifestó que la concentración y el manejo “proviene de Buenos Aires, de gente que centraliza poder en el teatro, puntualmente entre Rosario (Santa Fe), Córdoba y Buenos Aires”. La solución más cercana que encuentra el director es “democratizar las elecciones y bajar la carga de condiciones para subsidios que establece el Instituto Nacional de Teatro (INT)”.
Castronuovo, también docente de la cátedra de artes dramáticas de la Escuela Nacional de Teatro, marcó que con el excesivo esfuerzo de los artistas independiente frente a la carencia de subsidios y ámbitos de difusión, el trabajo se torna “antiprofesional”.
La mirada de Juan Parodi, director de Cariño Yacaré, otra producción que participará del encuentro, puede acercarse a lo que se ve desde Buenos Aires. “Si bien es poco el material proveniente del interior, hay un avance con respecto a los años anteriores del FIBA –muy cuestionados por el accionar de la entonces directora que tenía una empresa de representación de espectáculos en el exterior- donde directamente se lo ignoraba”. Así, Parodi formuló una de sus expectativas del Festival: “Ojalá sea la puerta para que el próximo albergue mucho más teatro del interior”.
Diego Bernachi también mantiene la fe: “El FIBA es una gran vidriera de contactos que se nos puede abrir”.
Sin embargo, para Estela Castronuovo no serán positivos los resultados después del evento internacional. “Es un festival más, una publicidad más de la gestión que se apodera de un discurso para justificar sus negocios. El FIBA terminará y los artistas volverán a su situación de desamparo, porque no hay políticas culturales que duren en el tiempo”.
Público, ¿dónde estás?
Los resultados de las ediciones anteriores del FIBA han demostrado una masiva concurrencia que albergó a más de 300 mil espectadores. Ahora, lo que se pregunta Juan Parodi es “¿dónde está todo ese público el resto del año?”. Frente a este cuestionamiento, el Director de la seleccionada Cariño Yacaré estableció que hay una producción “muy prolífica”, con una “diversidad de estéticas, temáticas y formatos”; pero, como contraposición, “los artistas vemos una corriente de público que no aumenta, no se fortalece”.
A partir de aquí, se puede enmarcar cuáles son las preocupaciones de los creadores de teatro: cómo llevar el público a las salas y de qué modo sostenerlo en el tiempo.
Según Castronuovo, la época “isabelina del teatro” o “el fenómeno del Siglo de Oro español” en Argentina ya fue historia, “porque cada época ha mantenido su expresión artística y hoy la que ocupa ese lugar son los recitales o los medios audiovisuales”.
“Quizá deberíamos aceptar que el público es elitista, ya que forma parte de hábitos sociales y culturales”, manifestó la profesional y añadió que los grandes directores vanguardistas del siglo XX, “como el polaco Jerzy Grotovsky”, ya sabían que el teatro no era una corriente masiva, al argumentar que “los espectáculos se hacían con grupos muy recudidos”.
Además, trató de explicar este fenómeno al poner de ejemplo cómo en la ciudad de Buenos Aires se achican las salas de teatros. “La capacidad cada vez es más limitada”. No obstante, aseguró que “si el público se expandiría, los creadores tendrían más posibilidad de sostener sus obras en cartelera”.
Un menú más variado
Otras ocurrencias de la séptima edición teatral son las actividades organizadas bajo distintas disciplinas del arte, como la música, la literatura y el cine: “Cámara Hamlet”, un ciclo de cine que recorrerá diversas versiones basadas en el personaje de William Shakespeare; “Babel, la biblioteca”, presentará la lectura en idioma original de obras de autores internacionales; habrá una serie de coloquios destinados al debate de temas relacionados directamente con el teatro; y, por último, cada jornada será cerrada por conciertos de la “Pequeña Música Nocturna”, con la actuación de reconocidos músicos del circuito alternativo.
“La revalorización de la música en el teatro”
Dentro de las actividades dramáticas del FIBA se puede observar que, en la mayoría de los casos, la música proyecta elementos del drama.
Según el músico argentino Sami Abadi, que participará en “Pequeña Música Nocturna”, y que compuso producciones para obras teatrales, “la música en vivo, al ser algo performativo, no puede dejar de tener elementos del teatro”.
Por su parte, Ulises Conti, actor y músico que también participará de la sección de cierre de las jornadas, reforzó lo dicho por su colega al establecer que “cuando se crea la fusión lo que sale es un resultado, por la complicidad que hay entre el compositor musical y el director teatral”.
Juan Parodi (Cariño Yacaré) remarcó que actualmente hay una “revalorización de la unión entre música y teatro –establecida desde el Simbolismo, en el siglo XIX- cosa que en algunas etapas ha sido vista con cierta desconfianza”. Estela Castronuovo opinó en la misma línea y agregó que “hoy el actor se anima a fusionar todas artes”.
Se reavivará la tendencia de la fusión entre música y drama; según algunos de los participantes y especialistas en artes dramáticas, el circuito alternativo atraviesa una de sus mayores crisis, por falta de público sostenido en el tiempo y por carencia de medios de difusión.
Cuatro letras pintorescas, que pertenecen a los afiches esparcidos por las largas avenidas de la Ciudad de Buenos Aires, dan cuenta del festejo que se apoderará de la atención de los amantes del arte escénico contemporáneo del 5 al 17 de octubre. El VII Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) se desarrollará en el marco de una serie de cambios que lo diferenciará de las seis ediciones anteriores. El directorio artístico dejó de estar a cargo de Graciela Casabé para ser representado por Rúben Szuchmacher y Alberto Ligaluppi, quienes establecieron nuevas condiciones en el momento de seleccionar las obras.
Por un lado, espectáculos argentinos que no hayan participado con anterioridad al evento que se realiza cada dos años. La idea central es promover la inclusión de trabajos del interior del país, conformándose así la presencia de dos obras de Córdoba, una de Santa Fe y otra de Tucumán (sobre un total de casi 500 presentadas). De la capital porteña han sido seleccionadas 24.
En cuanto a las innovaciones internacionales, los representantes del FIBA han sido rigurosos con la elección, ya que remarcaron mayor presencia de grupos regionales, como Paraguay – será su primera visita-, al tener en cuenta “la idea de diálogo entre ciudades y la creatividad de obras en contraposición a las grandes producciones marquetineras de compañías del exterior, generalmente provenientes de Europa”, justificó Szuchmacher. De este modo, el número se fijó en 28 realizaciones de afuera.
Según las estimaciones difundidas en el momento de promoción de eventos por el gobierno de la Ciudad y por su ministerio de Cultura, cuyos representantes son Mauricio Macri y Hernán Lombardi, respectivamente, Buenos Aires está ubicada en un rango privilegiado culturalmente, dentro de las capitales de América Latina. Sin embargo, en la práctica las apreciaciones no son las mismas.
Las oportunidades de muchos artistas del circuito no-convencional han adoptado en los últimos años una posición de desamparo en cuanto al acceso de la producción y promoción de obras. ¿Qué tipo de participación se le dá a grupos del interior en el FIBA, cuando sólo fueron seleccionados espectáculos de tres provincias? ¿Hasta dónde llegará la concentración porteña? Tan es el desgaste de este arte, nacido para salir de las líneas generales contemporáneas, que hasta sus cultores se ven arrastrados a buscar “nuevos espectadores” (ver aparte).
Con una expresión de rabia y exaltación, Estela Castronuovo, coordinadora del Teatro argentino, latinoamericano e hispánico (TeALHi)-programa dependiente del Instituto de Artes del Espectáculo de la facultad de Filosofía y Letras- estableció que el problema del desconocimiento de la producción del interior “es un tema que hace rato viene sucediendo”, a tal punto que la licenciada en artes dramáticas remarcó que ésta es una cuestión de “políticas culturales que superan al FIBA”.
Según las concepciones de Castronuovo, “existe una sensación de anquilosamiento estético, que deja de lado a mucha gente talentosa”, y para reparar ese “acartonamiento” se necesita “un soplo de aire fresco”. En la misma sintonía, la secretaria de Cultura de la Asociación Argentina de Actores, Susana di Gerónimo –con basta trayectoria como actriz, docente y directora de teatro- sostuvo que “hay una gran actividad en las provincias que no es difundida y que lucha con muchísimos inconvenientes. Debería garantizarse un apoyo que además les genere una remuneración como trabajadores”.
El tucumano Diego Bernachi, director e integrante de la obra Il Fait Mauvais…Llueve que participará del Festival, dejó sentado el panorama que se vive en su provincia natal:”Nosotros no tenemos la posibilidad no porque no queramos, sino porque no se nos permite”. ¿Desde dónde y quiénes dan las directivas? Sin dudar, Bernachi manifestó que la concentración y el manejo “proviene de Buenos Aires, de gente que centraliza poder en el teatro, puntualmente entre Rosario (Santa Fe), Córdoba y Buenos Aires”. La solución más cercana que encuentra el director es “democratizar las elecciones y bajar la carga de condiciones para subsidios que establece el Instituto Nacional de Teatro (INT)”.
Castronuovo, también docente de la cátedra de artes dramáticas de la Escuela Nacional de Teatro, marcó que con el excesivo esfuerzo de los artistas independiente frente a la carencia de subsidios y ámbitos de difusión, el trabajo se torna “antiprofesional”.
La mirada de Juan Parodi, director de Cariño Yacaré, otra producción que participará del encuentro, puede acercarse a lo que se ve desde Buenos Aires. “Si bien es poco el material proveniente del interior, hay un avance con respecto a los años anteriores del FIBA –muy cuestionados por el accionar de la entonces directora que tenía una empresa de representación de espectáculos en el exterior- donde directamente se lo ignoraba”. Así, Parodi formuló una de sus expectativas del Festival: “Ojalá sea la puerta para que el próximo albergue mucho más teatro del interior”.
Diego Bernachi también mantiene la fe: “El FIBA es una gran vidriera de contactos que se nos puede abrir”.
Sin embargo, para Estela Castronuovo no serán positivos los resultados después del evento internacional. “Es un festival más, una publicidad más de la gestión que se apodera de un discurso para justificar sus negocios. El FIBA terminará y los artistas volverán a su situación de desamparo, porque no hay políticas culturales que duren en el tiempo”.
Público, ¿dónde estás?
Los resultados de las ediciones anteriores del FIBA han demostrado una masiva concurrencia que albergó a más de 300 mil espectadores. Ahora, lo que se pregunta Juan Parodi es “¿dónde está todo ese público el resto del año?”. Frente a este cuestionamiento, el Director de la seleccionada Cariño Yacaré estableció que hay una producción “muy prolífica”, con una “diversidad de estéticas, temáticas y formatos”; pero, como contraposición, “los artistas vemos una corriente de público que no aumenta, no se fortalece”.
A partir de aquí, se puede enmarcar cuáles son las preocupaciones de los creadores de teatro: cómo llevar el público a las salas y de qué modo sostenerlo en el tiempo.
Según Castronuovo, la época “isabelina del teatro” o “el fenómeno del Siglo de Oro español” en Argentina ya fue historia, “porque cada época ha mantenido su expresión artística y hoy la que ocupa ese lugar son los recitales o los medios audiovisuales”.
“Quizá deberíamos aceptar que el público es elitista, ya que forma parte de hábitos sociales y culturales”, manifestó la profesional y añadió que los grandes directores vanguardistas del siglo XX, “como el polaco Jerzy Grotovsky”, ya sabían que el teatro no era una corriente masiva, al argumentar que “los espectáculos se hacían con grupos muy recudidos”.
Además, trató de explicar este fenómeno al poner de ejemplo cómo en la ciudad de Buenos Aires se achican las salas de teatros. “La capacidad cada vez es más limitada”. No obstante, aseguró que “si el público se expandiría, los creadores tendrían más posibilidad de sostener sus obras en cartelera”.
Un menú más variado
Otras ocurrencias de la séptima edición teatral son las actividades organizadas bajo distintas disciplinas del arte, como la música, la literatura y el cine: “Cámara Hamlet”, un ciclo de cine que recorrerá diversas versiones basadas en el personaje de William Shakespeare; “Babel, la biblioteca”, presentará la lectura en idioma original de obras de autores internacionales; habrá una serie de coloquios destinados al debate de temas relacionados directamente con el teatro; y, por último, cada jornada será cerrada por conciertos de la “Pequeña Música Nocturna”, con la actuación de reconocidos músicos del circuito alternativo.
“La revalorización de la música en el teatro”
Dentro de las actividades dramáticas del FIBA se puede observar que, en la mayoría de los casos, la música proyecta elementos del drama.
Según el músico argentino Sami Abadi, que participará en “Pequeña Música Nocturna”, y que compuso producciones para obras teatrales, “la música en vivo, al ser algo performativo, no puede dejar de tener elementos del teatro”.
Por su parte, Ulises Conti, actor y músico que también participará de la sección de cierre de las jornadas, reforzó lo dicho por su colega al establecer que “cuando se crea la fusión lo que sale es un resultado, por la complicidad que hay entre el compositor musical y el director teatral”.
Juan Parodi (Cariño Yacaré) remarcó que actualmente hay una “revalorización de la unión entre música y teatro –establecida desde el Simbolismo, en el siglo XIX- cosa que en algunas etapas ha sido vista con cierta desconfianza”. Estela Castronuovo opinó en la misma línea y agregó que “hoy el actor se anima a fusionar todas artes”.
Primavera que no llega
Detrás de la habilidad de Immanuel Wallerstein para escribir, y su ingenio a la hora de argumentar, se enmascara un fatalismo tan radical que incluso llega al punto de dar por sentadas las fechas exactas en que sus predicciones ocurrirían. Sin embargo, suponer que la retirada de las tropas estadounidenses de Irak, hecho que efectivamente va a ocurrir en 2010 en detrimento de la confianza de la sociedad norteamericana en su poderío bélico, va a generar una “tormenta de fuego” es suponer que la presencia de Estados Unidos en Medio Oriente genera un clima de orden interno. Nada más lejos de la realidad.
Si bien Wallerstein no se equivoca cuando afirma que, tras la retirada estadounidense “probablemente los afganos vuelvan a la situación de las continuadas e insidiosas reyertas interétnicas de los señores de la guerra”, la situación actual del conflicto consta de tres actores: el gobierno estadounidense, los estados de los paises orientales involucrados y los talibán, todos ellos en permanente y violento enfrentamiento. La tormenta ya existe, Estados Unidos no fue ni será una garantía para la sequía armamentista y bélica.
El talibán sorprendió al mundo y demostró una fuerza mayor a la predicha. “Los talibán han resultado ser mucho más tenaces y militarmente efectivos de lo que nadie hubiera anticipado”, explica Wallerstein, y agrega que Estados Unidos es iluso al pretender erradicar al movimiento en tan solo diez años. Después de la vuelta a casa de las tropas norteamericanas, el objetivo del talibán será potenciar y hacer efectiva su ambición de imponer su ortodoxia islámica en la región y dejar en claro su destreza en asuntos militares. ¿Cuál es su objetivo ahora? Exactamente el mismo. ¿Cómo lucha para lograrlo? Con armas y manteniéndose firme en zonas estratégicas y pobladas de violencia como Afganistán y Pakistán.
Wallerstein predice el estallido de una tormenta torrencial, pero las precipitaciones ya existen y no son aisladas. ¿Hay que esperar a que Estados Unidos retire su ocupación el 31 de diciembre de 2010 para los truenos y relámpagos? El sociólogo pasa por alto que el temporal estrenduoso, con aroma a pólvora, empezó el día en que el mundo se dividió en dos maneras de pensarse a sí mismo tan extremas y distintas. Desde entonces, no hay primavera.
Si bien Wallerstein no se equivoca cuando afirma que, tras la retirada estadounidense “probablemente los afganos vuelvan a la situación de las continuadas e insidiosas reyertas interétnicas de los señores de la guerra”, la situación actual del conflicto consta de tres actores: el gobierno estadounidense, los estados de los paises orientales involucrados y los talibán, todos ellos en permanente y violento enfrentamiento. La tormenta ya existe, Estados Unidos no fue ni será una garantía para la sequía armamentista y bélica.
El talibán sorprendió al mundo y demostró una fuerza mayor a la predicha. “Los talibán han resultado ser mucho más tenaces y militarmente efectivos de lo que nadie hubiera anticipado”, explica Wallerstein, y agrega que Estados Unidos es iluso al pretender erradicar al movimiento en tan solo diez años. Después de la vuelta a casa de las tropas norteamericanas, el objetivo del talibán será potenciar y hacer efectiva su ambición de imponer su ortodoxia islámica en la región y dejar en claro su destreza en asuntos militares. ¿Cuál es su objetivo ahora? Exactamente el mismo. ¿Cómo lucha para lograrlo? Con armas y manteniéndose firme en zonas estratégicas y pobladas de violencia como Afganistán y Pakistán.
Wallerstein predice el estallido de una tormenta torrencial, pero las precipitaciones ya existen y no son aisladas. ¿Hay que esperar a que Estados Unidos retire su ocupación el 31 de diciembre de 2010 para los truenos y relámpagos? El sociólogo pasa por alto que el temporal estrenduoso, con aroma a pólvora, empezó el día en que el mundo se dividió en dos maneras de pensarse a sí mismo tan extremas y distintas. Desde entonces, no hay primavera.
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Efemérides 11/9
Este mes se cumplen ocho años del día en que un avión derribó dos torres muy altas, e idénticas, en Nueva York. Detrás del humo aparecieron muchas cosas, entre ellas, una conmosión mundial que da a entender que la historia empezó el 11 de septiembre y se desentiende de los miles de muertes que Estados Unidos ya había provocado en Medio Oriente, teorías conspirativas acerca de la responsabilidad que el propio gobierno estadounidense podría haber tenido en el hecho y, de la mano de George W. Bush, una guerra.
De acuerdo al gobierno del ex presidente, derrocar al entonces dictador iraquí Saddam Hussein significaba la prevensión de otro atentado a Estados Unidos -a pesar de que la responsabilidad de la caída de las torres gemelas se la adjudica a la organización terrorista Al Qaeda, en manos de Osama Bin Laden- y la liberación del pueblo oprimido de Irak. Al menos, estas son las razones que esgrimió publicamente, sin hacer mensión al hecho de que el país que invadió en 2003 se encuentra en tercer lugar en la lista de países con las reservas de petróleo confirmadas más grandes del mundo. La teoría de la guerra preventiva de Bush fue sostenida, entre otras cosas, con la supuesta tenencia de armas de destrucción masiva por parte de Irak, hecho que, una vez desmentido, le generó al ex mandatario una gran perdida de credibilidad y popularidad tanto a nivel internacional como dentro de los márgenes de su propio país.
Este, junto a otros desatinos políticos, le significaron al conservador y liberal, en términos políticos y económicos, Partido Republicano, la derrota electoral que dejó a la Casa Blanca en manos de los demócratas, encabezados por Barack Obama. Su campaña tuvo entre sus principales argumentos a la promesa de retirar a las tropas de Irak, al contrario de su opositor republicano John Mc Cain, que uso al conocimiento bélico que esgrimió tener, y que reforzaría la seguridad estadounidense, como eje de su estrategia electoral. Sin embargo, una lectura que ubique en Obama un antibelicista se vería desmentida por los hechos: si bien está haciendo efectiva la retirada de tropas en Irak -142 mil hombres habrán dejado el país el 31 de agosto de 2010, según anunció el mandatario en febrero de este año-, los soldados norteamericanos tienen ahora un nuevo destino: Afganistán. De acuerdo a Omar Bravo, periodista que se desempeñó en la United Press International, entre otros, y actualmente enseña política internacional, “el presidente estadounidense se ha comprometido muy fuerte con el cronograma de retiro de tropas de Irak y la posibilidad de no cumplir sería cuasi suicida en términos políticos”.
El presidente anunció en marzo de este año el envío de 4000 soldados al que definió como “el lugar con más riesgo del mundo” para los estadounidenses. El principal objetivo de esta estrategia, al menos en la superficie, es combatir a los talibán, un movimiento de fanáticos religiosos con instrucción militar que defienden a ultranza, y con armas, la tradición y cultura islámica. “Afganistán presenta todos los síntomas de lo que Estados Unidos llama un Estado no viable. Es decir, un gobierno aliado débil, con altísimo nivel de corrupción, con amplias regiones donde no llegan los poderes del Estado, lugares donde la ley la imponen grupos armados, tribus y etnias, un campo fértil para todo tipo de mafias y traficantes”, explicó Bravo.
El curso de acción seguido, en materia de guerra, por el nuevo presidente estadounidense no difiere sustancialmente del de Bush, quien había anunciado, cuando todavía era gobierno, la paulatina retirada de Irak e inminente invasión a Afganistán. Al respecto, Max Boot, historiador y autor especializado en Seguridad Nacional de Estados Unidos, dijo -según remiten los historiadores Pablo Pozzi y Fabio Nigra en su libro La decadencia de Estados Unidos-: “Nada en Obama representa un cambio drástico, al contrario, continuará el camino diseñado por Bush”.
De acuerdo al gobierno del ex presidente, derrocar al entonces dictador iraquí Saddam Hussein significaba la prevensión de otro atentado a Estados Unidos -a pesar de que la responsabilidad de la caída de las torres gemelas se la adjudica a la organización terrorista Al Qaeda, en manos de Osama Bin Laden- y la liberación del pueblo oprimido de Irak. Al menos, estas son las razones que esgrimió publicamente, sin hacer mensión al hecho de que el país que invadió en 2003 se encuentra en tercer lugar en la lista de países con las reservas de petróleo confirmadas más grandes del mundo. La teoría de la guerra preventiva de Bush fue sostenida, entre otras cosas, con la supuesta tenencia de armas de destrucción masiva por parte de Irak, hecho que, una vez desmentido, le generó al ex mandatario una gran perdida de credibilidad y popularidad tanto a nivel internacional como dentro de los márgenes de su propio país.
Este, junto a otros desatinos políticos, le significaron al conservador y liberal, en términos políticos y económicos, Partido Republicano, la derrota electoral que dejó a la Casa Blanca en manos de los demócratas, encabezados por Barack Obama. Su campaña tuvo entre sus principales argumentos a la promesa de retirar a las tropas de Irak, al contrario de su opositor republicano John Mc Cain, que uso al conocimiento bélico que esgrimió tener, y que reforzaría la seguridad estadounidense, como eje de su estrategia electoral. Sin embargo, una lectura que ubique en Obama un antibelicista se vería desmentida por los hechos: si bien está haciendo efectiva la retirada de tropas en Irak -142 mil hombres habrán dejado el país el 31 de agosto de 2010, según anunció el mandatario en febrero de este año-, los soldados norteamericanos tienen ahora un nuevo destino: Afganistán. De acuerdo a Omar Bravo, periodista que se desempeñó en la United Press International, entre otros, y actualmente enseña política internacional, “el presidente estadounidense se ha comprometido muy fuerte con el cronograma de retiro de tropas de Irak y la posibilidad de no cumplir sería cuasi suicida en términos políticos”.
El presidente anunció en marzo de este año el envío de 4000 soldados al que definió como “el lugar con más riesgo del mundo” para los estadounidenses. El principal objetivo de esta estrategia, al menos en la superficie, es combatir a los talibán, un movimiento de fanáticos religiosos con instrucción militar que defienden a ultranza, y con armas, la tradición y cultura islámica. “Afganistán presenta todos los síntomas de lo que Estados Unidos llama un Estado no viable. Es decir, un gobierno aliado débil, con altísimo nivel de corrupción, con amplias regiones donde no llegan los poderes del Estado, lugares donde la ley la imponen grupos armados, tribus y etnias, un campo fértil para todo tipo de mafias y traficantes”, explicó Bravo.
El curso de acción seguido, en materia de guerra, por el nuevo presidente estadounidense no difiere sustancialmente del de Bush, quien había anunciado, cuando todavía era gobierno, la paulatina retirada de Irak e inminente invasión a Afganistán. Al respecto, Max Boot, historiador y autor especializado en Seguridad Nacional de Estados Unidos, dijo -según remiten los historiadores Pablo Pozzi y Fabio Nigra en su libro La decadencia de Estados Unidos-: “Nada en Obama representa un cambio drástico, al contrario, continuará el camino diseñado por Bush”.
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