Siempre la veía pasar por el mismo lugar. La vereda por la que caminaba, tan exacta y compacta por baldosas quebradas por el pasar de los años – ¿cuántos han transitado por ellas?-. Sus expresiones y costumbres, encerradas en su modo de vestir, de caminar velozmente y de moverse frente a la adversidad sostenida por los aires de los que giran – vagabundos que están allí por una causa emparentada por los actos y responsabilidades de momento- sacudían la atención -¡oh!, y con tan impresionismo- de este inequívoco acechador de engañoso ilusionismo pasional. Lo cierto es que cuando la veía aparecer, inmediatamente me asomaba desde lo alto para suspirar su pasar, y creerme cerca de ella aunque sea con mi ilusión óptica, porque –para ser sincero- era sólo una chica a la que nunca iba a poder atravesar. Mi causa era concreta. La esperaba cada mediodía, aunque los pájaros estuviesen decididos a contagiarnos de sus cantatas veraniegas o que se decidiesen a encerrarse en sus nidos por el frío. Era mi amor, ése amor, el mismo que se esfumaba una vez que doblaba en la esquina y cruzaba –mirando hacia los laterales de la calle perpendicular a la que ya dejaba atrás- hacia la estación de tren.
Tenía la sensación de que la conocía de algún lado. Por eso me enfadé con seguirla visualmente en esos ratos de descanso –para mí, claro; me daba la impresión de que siempre estaba ocupada, nada hacía detener su caminar-. Era todo una ceremonia: salía del taller, dejaba los pasteles y pinceles a un lado, y me entregaba por completo a la energía solar, pero no hablada químicamente, sino su presencia, que me dejaba ver con más claridad el casi celestial techo del mundo, el cielo, en fin. Y luego de la golpiza de carga cándida, aparecía la muchachita –musa de mis deseos, indescriptibles deseos, de acercarme a ella, rociarla con la mirada, y apresurarme al momento de poner en claro mi pesar. El trecho entre ella-y-mi-ser volvía ensordecedor al ánimo por llamar su atención. ¿Cómo lograrlo? La gravedad del miedo se tornaba cada vez más agudo. El miedo –sensación que en sólo cinco letras puede resumir lo que abruma a una persona- que me trababa el accionar de impulso que me haga bajar las escaleras y alcanzarla en la esquina, para no dejarla cruzar por la calle que la conduciría al tubo que la llevaría a otro puerto, quién sabe cuán lejos de mí.
Intacta, sin desviarse, posó para mí una y otra vez. El tiempo fijaba la vejez, los días –precisamente- se acotaban al palpitar que me surcaba y ahorcaba cuando experimentaba la soledad. La luz, intensa, no pedía permiso. Se acomodaba lentamente, proyectando lo mejor de ella a través de los huecos de la persiana. Sin salirse de mi lado, me acompañaba hasta la aparición repetida de la pasajera en tránsito.
¿Cuánto puede durar un click? ¿Cuánto puede durar una imagen? ¿Cuánto tiempo vive una imagen?, ¿y cuánto el ser retratado? Hay expresiones y sensaciones que sólo pueden percibirse con una eficaz observación, con un estudio perseverante que pone en juego que es lo que uno puede sacar del otro. Pero a mí me sucedió algo mágico, porque yo saqué algo de mí a través del retrato. Un recurso que es difícil de agotar pero más complejo de alcanzar: la comprensión. Hay barreras que nos separan, pero sentimientos que nos encuentran.
Elena, siempre seguiré mirando tu fotografía, siempre esperaré a la invitación del sol para mirarte, y asegurarte mía hasta agotar los sentidos que poseemos. Te imaginaré conmigo, acariciándote lentamente, puramente joven. Las fotos se arrugan, se agrietan, el color deja en el camino su definición. Pero en mi mente, las imágenes –afortunadamente- esquivan el desgaste temporal. Mi dedo aprieta el botón, el botón hace click, y la esquina se vuelve a iluminar.
lunes, 9 de noviembre de 2009
jueves, 22 de octubre de 2009
Al límite
Foto de Rafael CalviñoLa cosa es así. Me piden un divague académico pero le voy a sacar lo de académico. Porque la semana pasada escribí algo así como “en este punto alcanzan un mismo plano de significación la imagen dentro de la imagen, el museo de arte banalizado, y lo figurativo”, y ni yo, y sobre todo yo, entendía lo que decía mientras lo leía en voz alta y ponía cara de “¿yo escribí esto?” (¿será esa una especie de extrañamiento?). En fin, lo que quería decir es que todo este año me vienen hablando, acá (acá no, esta es mi casa, pero cuando lo lea el acá va a ser un aula), de desestructuración. De pensar lo cotidiano, lo naturalizado, como histórico, contrucción y social. Y que Marcuse, y que el aceptar lo fantástico como parte de lo real, y que los colectivos son elefantes que se persiguen, y hasta escribí que alguien iba a comer a besos a alguien y eso era antropofagia. Chau metáfora aprehendida con hache. Entonces, a lo que iba, es en que ya no creo que lo real sea la foto en sí y lo ficcional lo que representa, lo que refiere, lo que denota. Capaz que verdaderamente hay un hombre durmiendo usando un cartón de frazada y al lado, justo al lado, dos personas que les dan la espalda y miran una pared. Porque está bien que es una publicidad, y está bien que es una publicidad adentro de una foto, ¿pero no está ya la publicidad, la imagen, inserta en nosotros? ¿No estamos ya formateados? ¿Podemos distinguir, vale la pena distinguir, a esta áltura, la mentira de la verdad? La verdad: un mecanismo extraño para mí reprodujo lo que se vio por la lente de una cámara en un pedazo de papel, papel virtual o real. La mentira: un hombre duerme tapado con cartón al lado de dos personas en un museo de arte banalizado que le dan la espalda. Y ya no sé cual es cual. Y hoy elijo plantarme y decir que no creo más en las metáforas. Como si fuera algo en lo que se elije creer o no. Si no era así, hoy lo inauguro yo. Soy más escéptica que nunca. Lo que está ahí reflejado es. ¿Porque acaso no es eso el arte? ¿La capacidad de mostrar una realidad que existe? Porque no importa si esas tres personas de las fotos no estaban efectivamente ahí, no importa nisiquiera si estaban armadas con photoshop, o si eran un dibujo. En algún lado existen, en alguno y muchos lados, en todos. Y yo soy esas personas, a veces las de la publicidad y a veces el hombre que duerme. Porque a veces me dieron la espalda y muchas veces la dí. Y que yo llegue a esa conclusión gracias a mirar algo que no existe (o sí, me contradigo y me vuelvo a contradecir y está bien) se llama arte. Y nuevamente caigo en escribir algo que cuando lea en voz alta ni yo ni nadie va a entender, pero en este momento, lo juro, tiene tanto sentido. Y es tan sentido. Catártico.
domingo, 18 de octubre de 2009
El segundo sexo - Simone de Beauvoir

"La mujer tiene ovarios y útero, y estas condiciones singulares la encierran en su subjetividad. De ella se dice gustosamente que piensa con las glándulas. El hombre olvida, en su soberbia, que su anatomía también supone hormonas, testículos. Toma su cuerpo como una relación directa y normal con el mundo, al cual cree aprehender con su objetividad, mientras que considera que el cuerpo de la mujer se encuentra como entorpecido por cuanto lo especifica: un obstáculo, una prisión."
miércoles, 7 de octubre de 2009
Festival Internacional de Buenos Aires
Una maratón de obras en medio de una situación crítica para el teatro
Se reavivará la tendencia de la fusión entre música y drama; según algunos de los participantes y especialistas en artes dramáticas, el circuito alternativo atraviesa una de sus mayores crisis, por falta de público sostenido en el tiempo y por carencia de medios de difusión.
Cuatro letras pintorescas, que pertenecen a los afiches esparcidos por las largas avenidas de la Ciudad de Buenos Aires, dan cuenta del festejo que se apoderará de la atención de los amantes del arte escénico contemporáneo del 5 al 17 de octubre. El VII Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) se desarrollará en el marco de una serie de cambios que lo diferenciará de las seis ediciones anteriores. El directorio artístico dejó de estar a cargo de Graciela Casabé para ser representado por Rúben Szuchmacher y Alberto Ligaluppi, quienes establecieron nuevas condiciones en el momento de seleccionar las obras.
Por un lado, espectáculos argentinos que no hayan participado con anterioridad al evento que se realiza cada dos años. La idea central es promover la inclusión de trabajos del interior del país, conformándose así la presencia de dos obras de Córdoba, una de Santa Fe y otra de Tucumán (sobre un total de casi 500 presentadas). De la capital porteña han sido seleccionadas 24.
En cuanto a las innovaciones internacionales, los representantes del FIBA han sido rigurosos con la elección, ya que remarcaron mayor presencia de grupos regionales, como Paraguay – será su primera visita-, al tener en cuenta “la idea de diálogo entre ciudades y la creatividad de obras en contraposición a las grandes producciones marquetineras de compañías del exterior, generalmente provenientes de Europa”, justificó Szuchmacher. De este modo, el número se fijó en 28 realizaciones de afuera.
Según las estimaciones difundidas en el momento de promoción de eventos por el gobierno de la Ciudad y por su ministerio de Cultura, cuyos representantes son Mauricio Macri y Hernán Lombardi, respectivamente, Buenos Aires está ubicada en un rango privilegiado culturalmente, dentro de las capitales de América Latina. Sin embargo, en la práctica las apreciaciones no son las mismas.
Las oportunidades de muchos artistas del circuito no-convencional han adoptado en los últimos años una posición de desamparo en cuanto al acceso de la producción y promoción de obras. ¿Qué tipo de participación se le dá a grupos del interior en el FIBA, cuando sólo fueron seleccionados espectáculos de tres provincias? ¿Hasta dónde llegará la concentración porteña? Tan es el desgaste de este arte, nacido para salir de las líneas generales contemporáneas, que hasta sus cultores se ven arrastrados a buscar “nuevos espectadores” (ver aparte).
Con una expresión de rabia y exaltación, Estela Castronuovo, coordinadora del Teatro argentino, latinoamericano e hispánico (TeALHi)-programa dependiente del Instituto de Artes del Espectáculo de la facultad de Filosofía y Letras- estableció que el problema del desconocimiento de la producción del interior “es un tema que hace rato viene sucediendo”, a tal punto que la licenciada en artes dramáticas remarcó que ésta es una cuestión de “políticas culturales que superan al FIBA”.
Según las concepciones de Castronuovo, “existe una sensación de anquilosamiento estético, que deja de lado a mucha gente talentosa”, y para reparar ese “acartonamiento” se necesita “un soplo de aire fresco”. En la misma sintonía, la secretaria de Cultura de la Asociación Argentina de Actores, Susana di Gerónimo –con basta trayectoria como actriz, docente y directora de teatro- sostuvo que “hay una gran actividad en las provincias que no es difundida y que lucha con muchísimos inconvenientes. Debería garantizarse un apoyo que además les genere una remuneración como trabajadores”.
El tucumano Diego Bernachi, director e integrante de la obra Il Fait Mauvais…Llueve que participará del Festival, dejó sentado el panorama que se vive en su provincia natal:”Nosotros no tenemos la posibilidad no porque no queramos, sino porque no se nos permite”. ¿Desde dónde y quiénes dan las directivas? Sin dudar, Bernachi manifestó que la concentración y el manejo “proviene de Buenos Aires, de gente que centraliza poder en el teatro, puntualmente entre Rosario (Santa Fe), Córdoba y Buenos Aires”. La solución más cercana que encuentra el director es “democratizar las elecciones y bajar la carga de condiciones para subsidios que establece el Instituto Nacional de Teatro (INT)”.
Castronuovo, también docente de la cátedra de artes dramáticas de la Escuela Nacional de Teatro, marcó que con el excesivo esfuerzo de los artistas independiente frente a la carencia de subsidios y ámbitos de difusión, el trabajo se torna “antiprofesional”.
La mirada de Juan Parodi, director de Cariño Yacaré, otra producción que participará del encuentro, puede acercarse a lo que se ve desde Buenos Aires. “Si bien es poco el material proveniente del interior, hay un avance con respecto a los años anteriores del FIBA –muy cuestionados por el accionar de la entonces directora que tenía una empresa de representación de espectáculos en el exterior- donde directamente se lo ignoraba”. Así, Parodi formuló una de sus expectativas del Festival: “Ojalá sea la puerta para que el próximo albergue mucho más teatro del interior”.
Diego Bernachi también mantiene la fe: “El FIBA es una gran vidriera de contactos que se nos puede abrir”.
Sin embargo, para Estela Castronuovo no serán positivos los resultados después del evento internacional. “Es un festival más, una publicidad más de la gestión que se apodera de un discurso para justificar sus negocios. El FIBA terminará y los artistas volverán a su situación de desamparo, porque no hay políticas culturales que duren en el tiempo”.
Público, ¿dónde estás?
Los resultados de las ediciones anteriores del FIBA han demostrado una masiva concurrencia que albergó a más de 300 mil espectadores. Ahora, lo que se pregunta Juan Parodi es “¿dónde está todo ese público el resto del año?”. Frente a este cuestionamiento, el Director de la seleccionada Cariño Yacaré estableció que hay una producción “muy prolífica”, con una “diversidad de estéticas, temáticas y formatos”; pero, como contraposición, “los artistas vemos una corriente de público que no aumenta, no se fortalece”.
A partir de aquí, se puede enmarcar cuáles son las preocupaciones de los creadores de teatro: cómo llevar el público a las salas y de qué modo sostenerlo en el tiempo.
Según Castronuovo, la época “isabelina del teatro” o “el fenómeno del Siglo de Oro español” en Argentina ya fue historia, “porque cada época ha mantenido su expresión artística y hoy la que ocupa ese lugar son los recitales o los medios audiovisuales”.
“Quizá deberíamos aceptar que el público es elitista, ya que forma parte de hábitos sociales y culturales”, manifestó la profesional y añadió que los grandes directores vanguardistas del siglo XX, “como el polaco Jerzy Grotovsky”, ya sabían que el teatro no era una corriente masiva, al argumentar que “los espectáculos se hacían con grupos muy recudidos”.
Además, trató de explicar este fenómeno al poner de ejemplo cómo en la ciudad de Buenos Aires se achican las salas de teatros. “La capacidad cada vez es más limitada”. No obstante, aseguró que “si el público se expandiría, los creadores tendrían más posibilidad de sostener sus obras en cartelera”.
Un menú más variado
Otras ocurrencias de la séptima edición teatral son las actividades organizadas bajo distintas disciplinas del arte, como la música, la literatura y el cine: “Cámara Hamlet”, un ciclo de cine que recorrerá diversas versiones basadas en el personaje de William Shakespeare; “Babel, la biblioteca”, presentará la lectura en idioma original de obras de autores internacionales; habrá una serie de coloquios destinados al debate de temas relacionados directamente con el teatro; y, por último, cada jornada será cerrada por conciertos de la “Pequeña Música Nocturna”, con la actuación de reconocidos músicos del circuito alternativo.
“La revalorización de la música en el teatro”
Dentro de las actividades dramáticas del FIBA se puede observar que, en la mayoría de los casos, la música proyecta elementos del drama.
Según el músico argentino Sami Abadi, que participará en “Pequeña Música Nocturna”, y que compuso producciones para obras teatrales, “la música en vivo, al ser algo performativo, no puede dejar de tener elementos del teatro”.
Por su parte, Ulises Conti, actor y músico que también participará de la sección de cierre de las jornadas, reforzó lo dicho por su colega al establecer que “cuando se crea la fusión lo que sale es un resultado, por la complicidad que hay entre el compositor musical y el director teatral”.
Juan Parodi (Cariño Yacaré) remarcó que actualmente hay una “revalorización de la unión entre música y teatro –establecida desde el Simbolismo, en el siglo XIX- cosa que en algunas etapas ha sido vista con cierta desconfianza”. Estela Castronuovo opinó en la misma línea y agregó que “hoy el actor se anima a fusionar todas artes”.
Se reavivará la tendencia de la fusión entre música y drama; según algunos de los participantes y especialistas en artes dramáticas, el circuito alternativo atraviesa una de sus mayores crisis, por falta de público sostenido en el tiempo y por carencia de medios de difusión.
Cuatro letras pintorescas, que pertenecen a los afiches esparcidos por las largas avenidas de la Ciudad de Buenos Aires, dan cuenta del festejo que se apoderará de la atención de los amantes del arte escénico contemporáneo del 5 al 17 de octubre. El VII Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) se desarrollará en el marco de una serie de cambios que lo diferenciará de las seis ediciones anteriores. El directorio artístico dejó de estar a cargo de Graciela Casabé para ser representado por Rúben Szuchmacher y Alberto Ligaluppi, quienes establecieron nuevas condiciones en el momento de seleccionar las obras.
Por un lado, espectáculos argentinos que no hayan participado con anterioridad al evento que se realiza cada dos años. La idea central es promover la inclusión de trabajos del interior del país, conformándose así la presencia de dos obras de Córdoba, una de Santa Fe y otra de Tucumán (sobre un total de casi 500 presentadas). De la capital porteña han sido seleccionadas 24.
En cuanto a las innovaciones internacionales, los representantes del FIBA han sido rigurosos con la elección, ya que remarcaron mayor presencia de grupos regionales, como Paraguay – será su primera visita-, al tener en cuenta “la idea de diálogo entre ciudades y la creatividad de obras en contraposición a las grandes producciones marquetineras de compañías del exterior, generalmente provenientes de Europa”, justificó Szuchmacher. De este modo, el número se fijó en 28 realizaciones de afuera.
Según las estimaciones difundidas en el momento de promoción de eventos por el gobierno de la Ciudad y por su ministerio de Cultura, cuyos representantes son Mauricio Macri y Hernán Lombardi, respectivamente, Buenos Aires está ubicada en un rango privilegiado culturalmente, dentro de las capitales de América Latina. Sin embargo, en la práctica las apreciaciones no son las mismas.
Las oportunidades de muchos artistas del circuito no-convencional han adoptado en los últimos años una posición de desamparo en cuanto al acceso de la producción y promoción de obras. ¿Qué tipo de participación se le dá a grupos del interior en el FIBA, cuando sólo fueron seleccionados espectáculos de tres provincias? ¿Hasta dónde llegará la concentración porteña? Tan es el desgaste de este arte, nacido para salir de las líneas generales contemporáneas, que hasta sus cultores se ven arrastrados a buscar “nuevos espectadores” (ver aparte).
Con una expresión de rabia y exaltación, Estela Castronuovo, coordinadora del Teatro argentino, latinoamericano e hispánico (TeALHi)-programa dependiente del Instituto de Artes del Espectáculo de la facultad de Filosofía y Letras- estableció que el problema del desconocimiento de la producción del interior “es un tema que hace rato viene sucediendo”, a tal punto que la licenciada en artes dramáticas remarcó que ésta es una cuestión de “políticas culturales que superan al FIBA”.
Según las concepciones de Castronuovo, “existe una sensación de anquilosamiento estético, que deja de lado a mucha gente talentosa”, y para reparar ese “acartonamiento” se necesita “un soplo de aire fresco”. En la misma sintonía, la secretaria de Cultura de la Asociación Argentina de Actores, Susana di Gerónimo –con basta trayectoria como actriz, docente y directora de teatro- sostuvo que “hay una gran actividad en las provincias que no es difundida y que lucha con muchísimos inconvenientes. Debería garantizarse un apoyo que además les genere una remuneración como trabajadores”.
El tucumano Diego Bernachi, director e integrante de la obra Il Fait Mauvais…Llueve que participará del Festival, dejó sentado el panorama que se vive en su provincia natal:”Nosotros no tenemos la posibilidad no porque no queramos, sino porque no se nos permite”. ¿Desde dónde y quiénes dan las directivas? Sin dudar, Bernachi manifestó que la concentración y el manejo “proviene de Buenos Aires, de gente que centraliza poder en el teatro, puntualmente entre Rosario (Santa Fe), Córdoba y Buenos Aires”. La solución más cercana que encuentra el director es “democratizar las elecciones y bajar la carga de condiciones para subsidios que establece el Instituto Nacional de Teatro (INT)”.
Castronuovo, también docente de la cátedra de artes dramáticas de la Escuela Nacional de Teatro, marcó que con el excesivo esfuerzo de los artistas independiente frente a la carencia de subsidios y ámbitos de difusión, el trabajo se torna “antiprofesional”.
La mirada de Juan Parodi, director de Cariño Yacaré, otra producción que participará del encuentro, puede acercarse a lo que se ve desde Buenos Aires. “Si bien es poco el material proveniente del interior, hay un avance con respecto a los años anteriores del FIBA –muy cuestionados por el accionar de la entonces directora que tenía una empresa de representación de espectáculos en el exterior- donde directamente se lo ignoraba”. Así, Parodi formuló una de sus expectativas del Festival: “Ojalá sea la puerta para que el próximo albergue mucho más teatro del interior”.
Diego Bernachi también mantiene la fe: “El FIBA es una gran vidriera de contactos que se nos puede abrir”.
Sin embargo, para Estela Castronuovo no serán positivos los resultados después del evento internacional. “Es un festival más, una publicidad más de la gestión que se apodera de un discurso para justificar sus negocios. El FIBA terminará y los artistas volverán a su situación de desamparo, porque no hay políticas culturales que duren en el tiempo”.
Público, ¿dónde estás?
Los resultados de las ediciones anteriores del FIBA han demostrado una masiva concurrencia que albergó a más de 300 mil espectadores. Ahora, lo que se pregunta Juan Parodi es “¿dónde está todo ese público el resto del año?”. Frente a este cuestionamiento, el Director de la seleccionada Cariño Yacaré estableció que hay una producción “muy prolífica”, con una “diversidad de estéticas, temáticas y formatos”; pero, como contraposición, “los artistas vemos una corriente de público que no aumenta, no se fortalece”.
A partir de aquí, se puede enmarcar cuáles son las preocupaciones de los creadores de teatro: cómo llevar el público a las salas y de qué modo sostenerlo en el tiempo.
Según Castronuovo, la época “isabelina del teatro” o “el fenómeno del Siglo de Oro español” en Argentina ya fue historia, “porque cada época ha mantenido su expresión artística y hoy la que ocupa ese lugar son los recitales o los medios audiovisuales”.
“Quizá deberíamos aceptar que el público es elitista, ya que forma parte de hábitos sociales y culturales”, manifestó la profesional y añadió que los grandes directores vanguardistas del siglo XX, “como el polaco Jerzy Grotovsky”, ya sabían que el teatro no era una corriente masiva, al argumentar que “los espectáculos se hacían con grupos muy recudidos”.
Además, trató de explicar este fenómeno al poner de ejemplo cómo en la ciudad de Buenos Aires se achican las salas de teatros. “La capacidad cada vez es más limitada”. No obstante, aseguró que “si el público se expandiría, los creadores tendrían más posibilidad de sostener sus obras en cartelera”.
Un menú más variado
Otras ocurrencias de la séptima edición teatral son las actividades organizadas bajo distintas disciplinas del arte, como la música, la literatura y el cine: “Cámara Hamlet”, un ciclo de cine que recorrerá diversas versiones basadas en el personaje de William Shakespeare; “Babel, la biblioteca”, presentará la lectura en idioma original de obras de autores internacionales; habrá una serie de coloquios destinados al debate de temas relacionados directamente con el teatro; y, por último, cada jornada será cerrada por conciertos de la “Pequeña Música Nocturna”, con la actuación de reconocidos músicos del circuito alternativo.
“La revalorización de la música en el teatro”
Dentro de las actividades dramáticas del FIBA se puede observar que, en la mayoría de los casos, la música proyecta elementos del drama.
Según el músico argentino Sami Abadi, que participará en “Pequeña Música Nocturna”, y que compuso producciones para obras teatrales, “la música en vivo, al ser algo performativo, no puede dejar de tener elementos del teatro”.
Por su parte, Ulises Conti, actor y músico que también participará de la sección de cierre de las jornadas, reforzó lo dicho por su colega al establecer que “cuando se crea la fusión lo que sale es un resultado, por la complicidad que hay entre el compositor musical y el director teatral”.
Juan Parodi (Cariño Yacaré) remarcó que actualmente hay una “revalorización de la unión entre música y teatro –establecida desde el Simbolismo, en el siglo XIX- cosa que en algunas etapas ha sido vista con cierta desconfianza”. Estela Castronuovo opinó en la misma línea y agregó que “hoy el actor se anima a fusionar todas artes”.
Primavera que no llega
Detrás de la habilidad de Immanuel Wallerstein para escribir, y su ingenio a la hora de argumentar, se enmascara un fatalismo tan radical que incluso llega al punto de dar por sentadas las fechas exactas en que sus predicciones ocurrirían. Sin embargo, suponer que la retirada de las tropas estadounidenses de Irak, hecho que efectivamente va a ocurrir en 2010 en detrimento de la confianza de la sociedad norteamericana en su poderío bélico, va a generar una “tormenta de fuego” es suponer que la presencia de Estados Unidos en Medio Oriente genera un clima de orden interno. Nada más lejos de la realidad.
Si bien Wallerstein no se equivoca cuando afirma que, tras la retirada estadounidense “probablemente los afganos vuelvan a la situación de las continuadas e insidiosas reyertas interétnicas de los señores de la guerra”, la situación actual del conflicto consta de tres actores: el gobierno estadounidense, los estados de los paises orientales involucrados y los talibán, todos ellos en permanente y violento enfrentamiento. La tormenta ya existe, Estados Unidos no fue ni será una garantía para la sequía armamentista y bélica.
El talibán sorprendió al mundo y demostró una fuerza mayor a la predicha. “Los talibán han resultado ser mucho más tenaces y militarmente efectivos de lo que nadie hubiera anticipado”, explica Wallerstein, y agrega que Estados Unidos es iluso al pretender erradicar al movimiento en tan solo diez años. Después de la vuelta a casa de las tropas norteamericanas, el objetivo del talibán será potenciar y hacer efectiva su ambición de imponer su ortodoxia islámica en la región y dejar en claro su destreza en asuntos militares. ¿Cuál es su objetivo ahora? Exactamente el mismo. ¿Cómo lucha para lograrlo? Con armas y manteniéndose firme en zonas estratégicas y pobladas de violencia como Afganistán y Pakistán.
Wallerstein predice el estallido de una tormenta torrencial, pero las precipitaciones ya existen y no son aisladas. ¿Hay que esperar a que Estados Unidos retire su ocupación el 31 de diciembre de 2010 para los truenos y relámpagos? El sociólogo pasa por alto que el temporal estrenduoso, con aroma a pólvora, empezó el día en que el mundo se dividió en dos maneras de pensarse a sí mismo tan extremas y distintas. Desde entonces, no hay primavera.
Si bien Wallerstein no se equivoca cuando afirma que, tras la retirada estadounidense “probablemente los afganos vuelvan a la situación de las continuadas e insidiosas reyertas interétnicas de los señores de la guerra”, la situación actual del conflicto consta de tres actores: el gobierno estadounidense, los estados de los paises orientales involucrados y los talibán, todos ellos en permanente y violento enfrentamiento. La tormenta ya existe, Estados Unidos no fue ni será una garantía para la sequía armamentista y bélica.
El talibán sorprendió al mundo y demostró una fuerza mayor a la predicha. “Los talibán han resultado ser mucho más tenaces y militarmente efectivos de lo que nadie hubiera anticipado”, explica Wallerstein, y agrega que Estados Unidos es iluso al pretender erradicar al movimiento en tan solo diez años. Después de la vuelta a casa de las tropas norteamericanas, el objetivo del talibán será potenciar y hacer efectiva su ambición de imponer su ortodoxia islámica en la región y dejar en claro su destreza en asuntos militares. ¿Cuál es su objetivo ahora? Exactamente el mismo. ¿Cómo lucha para lograrlo? Con armas y manteniéndose firme en zonas estratégicas y pobladas de violencia como Afganistán y Pakistán.
Wallerstein predice el estallido de una tormenta torrencial, pero las precipitaciones ya existen y no son aisladas. ¿Hay que esperar a que Estados Unidos retire su ocupación el 31 de diciembre de 2010 para los truenos y relámpagos? El sociólogo pasa por alto que el temporal estrenduoso, con aroma a pólvora, empezó el día en que el mundo se dividió en dos maneras de pensarse a sí mismo tan extremas y distintas. Desde entonces, no hay primavera.
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Luchi
Efemérides 11/9
Este mes se cumplen ocho años del día en que un avión derribó dos torres muy altas, e idénticas, en Nueva York. Detrás del humo aparecieron muchas cosas, entre ellas, una conmosión mundial que da a entender que la historia empezó el 11 de septiembre y se desentiende de los miles de muertes que Estados Unidos ya había provocado en Medio Oriente, teorías conspirativas acerca de la responsabilidad que el propio gobierno estadounidense podría haber tenido en el hecho y, de la mano de George W. Bush, una guerra.
De acuerdo al gobierno del ex presidente, derrocar al entonces dictador iraquí Saddam Hussein significaba la prevensión de otro atentado a Estados Unidos -a pesar de que la responsabilidad de la caída de las torres gemelas se la adjudica a la organización terrorista Al Qaeda, en manos de Osama Bin Laden- y la liberación del pueblo oprimido de Irak. Al menos, estas son las razones que esgrimió publicamente, sin hacer mensión al hecho de que el país que invadió en 2003 se encuentra en tercer lugar en la lista de países con las reservas de petróleo confirmadas más grandes del mundo. La teoría de la guerra preventiva de Bush fue sostenida, entre otras cosas, con la supuesta tenencia de armas de destrucción masiva por parte de Irak, hecho que, una vez desmentido, le generó al ex mandatario una gran perdida de credibilidad y popularidad tanto a nivel internacional como dentro de los márgenes de su propio país.
Este, junto a otros desatinos políticos, le significaron al conservador y liberal, en términos políticos y económicos, Partido Republicano, la derrota electoral que dejó a la Casa Blanca en manos de los demócratas, encabezados por Barack Obama. Su campaña tuvo entre sus principales argumentos a la promesa de retirar a las tropas de Irak, al contrario de su opositor republicano John Mc Cain, que uso al conocimiento bélico que esgrimió tener, y que reforzaría la seguridad estadounidense, como eje de su estrategia electoral. Sin embargo, una lectura que ubique en Obama un antibelicista se vería desmentida por los hechos: si bien está haciendo efectiva la retirada de tropas en Irak -142 mil hombres habrán dejado el país el 31 de agosto de 2010, según anunció el mandatario en febrero de este año-, los soldados norteamericanos tienen ahora un nuevo destino: Afganistán. De acuerdo a Omar Bravo, periodista que se desempeñó en la United Press International, entre otros, y actualmente enseña política internacional, “el presidente estadounidense se ha comprometido muy fuerte con el cronograma de retiro de tropas de Irak y la posibilidad de no cumplir sería cuasi suicida en términos políticos”.
El presidente anunció en marzo de este año el envío de 4000 soldados al que definió como “el lugar con más riesgo del mundo” para los estadounidenses. El principal objetivo de esta estrategia, al menos en la superficie, es combatir a los talibán, un movimiento de fanáticos religiosos con instrucción militar que defienden a ultranza, y con armas, la tradición y cultura islámica. “Afganistán presenta todos los síntomas de lo que Estados Unidos llama un Estado no viable. Es decir, un gobierno aliado débil, con altísimo nivel de corrupción, con amplias regiones donde no llegan los poderes del Estado, lugares donde la ley la imponen grupos armados, tribus y etnias, un campo fértil para todo tipo de mafias y traficantes”, explicó Bravo.
El curso de acción seguido, en materia de guerra, por el nuevo presidente estadounidense no difiere sustancialmente del de Bush, quien había anunciado, cuando todavía era gobierno, la paulatina retirada de Irak e inminente invasión a Afganistán. Al respecto, Max Boot, historiador y autor especializado en Seguridad Nacional de Estados Unidos, dijo -según remiten los historiadores Pablo Pozzi y Fabio Nigra en su libro La decadencia de Estados Unidos-: “Nada en Obama representa un cambio drástico, al contrario, continuará el camino diseñado por Bush”.
De acuerdo al gobierno del ex presidente, derrocar al entonces dictador iraquí Saddam Hussein significaba la prevensión de otro atentado a Estados Unidos -a pesar de que la responsabilidad de la caída de las torres gemelas se la adjudica a la organización terrorista Al Qaeda, en manos de Osama Bin Laden- y la liberación del pueblo oprimido de Irak. Al menos, estas son las razones que esgrimió publicamente, sin hacer mensión al hecho de que el país que invadió en 2003 se encuentra en tercer lugar en la lista de países con las reservas de petróleo confirmadas más grandes del mundo. La teoría de la guerra preventiva de Bush fue sostenida, entre otras cosas, con la supuesta tenencia de armas de destrucción masiva por parte de Irak, hecho que, una vez desmentido, le generó al ex mandatario una gran perdida de credibilidad y popularidad tanto a nivel internacional como dentro de los márgenes de su propio país.
Este, junto a otros desatinos políticos, le significaron al conservador y liberal, en términos políticos y económicos, Partido Republicano, la derrota electoral que dejó a la Casa Blanca en manos de los demócratas, encabezados por Barack Obama. Su campaña tuvo entre sus principales argumentos a la promesa de retirar a las tropas de Irak, al contrario de su opositor republicano John Mc Cain, que uso al conocimiento bélico que esgrimió tener, y que reforzaría la seguridad estadounidense, como eje de su estrategia electoral. Sin embargo, una lectura que ubique en Obama un antibelicista se vería desmentida por los hechos: si bien está haciendo efectiva la retirada de tropas en Irak -142 mil hombres habrán dejado el país el 31 de agosto de 2010, según anunció el mandatario en febrero de este año-, los soldados norteamericanos tienen ahora un nuevo destino: Afganistán. De acuerdo a Omar Bravo, periodista que se desempeñó en la United Press International, entre otros, y actualmente enseña política internacional, “el presidente estadounidense se ha comprometido muy fuerte con el cronograma de retiro de tropas de Irak y la posibilidad de no cumplir sería cuasi suicida en términos políticos”.
El presidente anunció en marzo de este año el envío de 4000 soldados al que definió como “el lugar con más riesgo del mundo” para los estadounidenses. El principal objetivo de esta estrategia, al menos en la superficie, es combatir a los talibán, un movimiento de fanáticos religiosos con instrucción militar que defienden a ultranza, y con armas, la tradición y cultura islámica. “Afganistán presenta todos los síntomas de lo que Estados Unidos llama un Estado no viable. Es decir, un gobierno aliado débil, con altísimo nivel de corrupción, con amplias regiones donde no llegan los poderes del Estado, lugares donde la ley la imponen grupos armados, tribus y etnias, un campo fértil para todo tipo de mafias y traficantes”, explicó Bravo.
El curso de acción seguido, en materia de guerra, por el nuevo presidente estadounidense no difiere sustancialmente del de Bush, quien había anunciado, cuando todavía era gobierno, la paulatina retirada de Irak e inminente invasión a Afganistán. Al respecto, Max Boot, historiador y autor especializado en Seguridad Nacional de Estados Unidos, dijo -según remiten los historiadores Pablo Pozzi y Fabio Nigra en su libro La decadencia de Estados Unidos-: “Nada en Obama representa un cambio drástico, al contrario, continuará el camino diseñado por Bush”.
martes, 6 de octubre de 2009
Ley de medios y cine
Un nuevo espectro para la industria cinematográfica argentina
El proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales estipula que, de aprobarse, los canales de televisión deberán invertir parte de su facturación en la compra de largometrajes independientes.
Las mismas palabras se repiten y redundan en un debate de medios mediatizado. Si libertad de expresión o mordaza, si K o no K, si monopolios o pueblo, si con telefónicas o sin, si autoridad de aplicación autónoma o cinco kirchneristas decidiendo. Y detrás de los números, del resistido artículo 161 -del año pautado para que las empresas acaten a la nueva norma-, de la cantidad de licencias, de la ley de la dictadura con reforma menemista en 1994; la banda sonora de nuestras vidas de ciudadanos del siglo XXI: un televisor de fondo, siempre prendido.
Más allá de los puntos discutidos por el arco opositor al proyecto emitido por el Poder Ejecutivo de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales, que reBalsa a la fauna política e incluye también a algunos sectores del espectro mediático -ejemplificar en este punto con el grupo Clarín ya es una obviedad-, el artículo 67 establece un punto de inflexión para la industria cinematográfica nacional e involucra a las televisoras en el solvento del cine.
Según estipula el artículo, de aprobarse el proyecto de ley, que cuenta con media sanción en la Cámara de Diputados y un inminente tratamiento en el Senado, las televisoras abiertas y por subscripción, es decir, por cable, deberán comprar ocho películas nacionales por año antes de que inicie su rodaje. Por otro lado, la iniciativa ofrece a aquellos canales que, debido a su reducido alcance -menos del 20 por ciento de la cobertura total del país-, no cuenten con el dinero suficiente para adquirir ocho películas por año la alternativa de destinar el 0,5 % de su facturación total a la compra de películas nacionales en pre-producción, sin importar para cuántas le alcance.
De acuerdo a Pablo Rovito, productor argentino y miembro fundador de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematografías de la Argentina y la Asociación de Productores Independientes de Medios Audiovisuales (APIMA), lo que el proyecto de ley establece no es una cuota de pantalla, ya que ocho películas es un número muy chico para ser considerado así. “Cuando se habla de que te van a obligar a ver cosas que no querés ver es una estupidez. En este caso no se fija una cuota específica. Pensar que en 365 días de 12 horas de programación diaria un canal va a dar ocho tardes una película no es una imposición muy fuerte”, explica. Según él, a lo que se apunta es a una cuota de facturación y éste es justamente el cambio más importante que introduciría la ley: “Va a haber en el mercado una cantidad de dinero y de inversión que antes no estaba, más allá de que es una suerte de subsidio indirecto, porque no es que surge del mercado sino que el Estado regula y obliga a hacerlo. Pero una vez hecho esto, lo que queda es una relación de mercado entre el productor y los canales”.
Tal como están las cosas, no es factible que se produzca cine, tanto en Argentina como en la mayoría de los paises, con excepción de Estados Unidos, India y China, sin un sistema de fomento estatal. Rovito -que en 2006 abrió Arte Cinema Sur, un espacio que presta sus salas para la emisión de películas de autor- detalla que las causas de esto se encuentran en que al público indú no le interesa ver productos extranjeros, por lo que hay un gran mercado interno, en China hay una sola empresa que produce cine que es el Estado, por lo tanto acapara al total del público, y Estados Unidos cuenta con un gran mercado exterior. Además, y en detrimiento de las demás industrias locales, su forma de comercialización, conocida como dumping, consiste en solventar a las películas que no ganan lo suficiente como para recuperar su inversión vendiendo paquetes de films y así compensar la pérdida con aquellas películas que recaudan mucho más de lo que salió producirlas. El precio al que se deberián vender esos largometrajes teniendo en cuenta su costo de producción llega a las pantallas de televisión argentinas amortizado. Entonces, ejemplifica Rovito, una película cuya realización implicó 100 millones de dólares se vende a los canales locales a 10 mil dólares, y genera una competencia imposible de asumir para las producciones nacionales.
Otro problema que enfrenta la industria cinematográfica argentina y al que apunta a solucionar el artículo 67 del proyecto de ley, explica Rovito, quien participó en las deliberaciones sobre las leyes de Cine de Argentina, México, Colombia y Uruguay, es que a los canales no les interesa emitir productos que no hayan sido creados y distribuidos por ellos mismos. El apartado indica que las películas adquiridas por los canales deberán haber sido realizadas por productoras “mayoritariamente independientes”. Para el cineasta, el término apunta a aquellas realizadoras que no dependen de televisoras y distribuidoras. Sin embargo, Diego Galíndez, secretario del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA), no coincide con Rovito en este punto. Desde su visión, el término se refiere a aquellas producciones que no cuenten con el subsidio del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), que, según explica, son muy pocas, por lo que no alcanzarían para completar la cuota de pantalla que impondría la nueva legislación.
La ley de Cine argentina (n° 24.377), estipula que de la totalidad de lo recaudado por el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), el 40 por ciento se destina al INCAA, que funciona como un administrador de ese dinero. El Instituto analiza si los guiones que le presentan las productoras cuentan con un presupuesto real, no dibujado, y factible y si son de interés público. De ser así, le otorga a la película un subsidio, que representa alrededor del 50 % del costo de producción.
El proyecto de Ley de Medios prevee bajar el 40 % destinado al INCAA al 25 %, con el argumento de que el COMFER va a recaudar más y, por lo tanto, el monto de dinero no va a variar. “En términos técnicos podría ser o no cierto, todavía no se han hecho las cuentas ni se a cobrado efectivamente. Pero aunque así fuera, no es lógico. En realidad, si se amplia la forma de cobrar es porque se ha ampliado la forma de ver cine. Lamentablemente esa discusión la perdimos. Sí logramos incorporar una cláusula tipo gatillo donde el 25% no pueda ser menos de lo que cobrabamos ahora, de manera tal de que por lo menos no baje la recaudación inmediata”, detalla Rovito.
Tanto él como Galíndez coinciden en que el actual aporte del Estado al cine es acorde a lo que se produce. Sin embargo, el director Bernardo Czemerinsky, conocido como Bebe Kamín -Los chicos de la guerra (1984)-, opina que el cine está en deuda con la sociedad argentina: “No veo que el cine nacional haya producido en los últimos años un monto de películas que justifiquen, económica y culturalmente, la confianza que le da la sociedad al ofrecerle su capital. No creo que el Estado tenga que ser la vaca lechera de todas las actividades de riesgo”, manifiesta.
En cuanto a los efectos culturales que pueda tener la aplicación de una cuota de pantalla, Rovito dice que, si bien no cree en la educación del público, porque contiene un sentido de superioridad de los que deciden que se debe ver por sobre los que lo consumen, sí considera que es necesario dar opciones: “La elección tiene que ver con el acceso, no solamente con que exista. Se trata de que el público tenga permanentemente la información para poder elegir qué va a ver y qué no. El cine estadounidense nos ha acostumbrado a un modelo de contar, a una forma de relacionar al producto con el espectador durante muchos años de bombardear con ese material. En ese sentido creo que hay que hacer un trabajo de recuperación del público para que pueda ver otro tipo de películas”, explica.
Galíndez, por su parte, no focaliza las implicancias en la cultura por el lado del público sino por el de los creadores: “La realidad es que actualmente hay unas pocas personas que dicen 'yo paso lo que se me da la gana y a quien puedo pisar con esto no me interesa. No me importa el pibe que se mató 3 años con un guión', que tiene todo el derecho del mundo a realizarlo y que la gente lo vea y opine si le gusta o no. Por el solo hecho de que quiere decir algo tiene derecho a estar en televisión. Esto no es una ley K, como dicen muchos, la pide en Catamarca un pibe que no sé si lo votó, la pide un pibe que vive en Usuhaia y lo único que quiere hacer es cine y no le importa otra cosa”, ejemplifica.
El proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales estipula que, de aprobarse, los canales de televisión deberán invertir parte de su facturación en la compra de largometrajes independientes.
Las mismas palabras se repiten y redundan en un debate de medios mediatizado. Si libertad de expresión o mordaza, si K o no K, si monopolios o pueblo, si con telefónicas o sin, si autoridad de aplicación autónoma o cinco kirchneristas decidiendo. Y detrás de los números, del resistido artículo 161 -del año pautado para que las empresas acaten a la nueva norma-, de la cantidad de licencias, de la ley de la dictadura con reforma menemista en 1994; la banda sonora de nuestras vidas de ciudadanos del siglo XXI: un televisor de fondo, siempre prendido.
Más allá de los puntos discutidos por el arco opositor al proyecto emitido por el Poder Ejecutivo de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales, que reBalsa a la fauna política e incluye también a algunos sectores del espectro mediático -ejemplificar en este punto con el grupo Clarín ya es una obviedad-, el artículo 67 establece un punto de inflexión para la industria cinematográfica nacional e involucra a las televisoras en el solvento del cine.
Según estipula el artículo, de aprobarse el proyecto de ley, que cuenta con media sanción en la Cámara de Diputados y un inminente tratamiento en el Senado, las televisoras abiertas y por subscripción, es decir, por cable, deberán comprar ocho películas nacionales por año antes de que inicie su rodaje. Por otro lado, la iniciativa ofrece a aquellos canales que, debido a su reducido alcance -menos del 20 por ciento de la cobertura total del país-, no cuenten con el dinero suficiente para adquirir ocho películas por año la alternativa de destinar el 0,5 % de su facturación total a la compra de películas nacionales en pre-producción, sin importar para cuántas le alcance.
De acuerdo a Pablo Rovito, productor argentino y miembro fundador de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematografías de la Argentina y la Asociación de Productores Independientes de Medios Audiovisuales (APIMA), lo que el proyecto de ley establece no es una cuota de pantalla, ya que ocho películas es un número muy chico para ser considerado así. “Cuando se habla de que te van a obligar a ver cosas que no querés ver es una estupidez. En este caso no se fija una cuota específica. Pensar que en 365 días de 12 horas de programación diaria un canal va a dar ocho tardes una película no es una imposición muy fuerte”, explica. Según él, a lo que se apunta es a una cuota de facturación y éste es justamente el cambio más importante que introduciría la ley: “Va a haber en el mercado una cantidad de dinero y de inversión que antes no estaba, más allá de que es una suerte de subsidio indirecto, porque no es que surge del mercado sino que el Estado regula y obliga a hacerlo. Pero una vez hecho esto, lo que queda es una relación de mercado entre el productor y los canales”.
Tal como están las cosas, no es factible que se produzca cine, tanto en Argentina como en la mayoría de los paises, con excepción de Estados Unidos, India y China, sin un sistema de fomento estatal. Rovito -que en 2006 abrió Arte Cinema Sur, un espacio que presta sus salas para la emisión de películas de autor- detalla que las causas de esto se encuentran en que al público indú no le interesa ver productos extranjeros, por lo que hay un gran mercado interno, en China hay una sola empresa que produce cine que es el Estado, por lo tanto acapara al total del público, y Estados Unidos cuenta con un gran mercado exterior. Además, y en detrimiento de las demás industrias locales, su forma de comercialización, conocida como dumping, consiste en solventar a las películas que no ganan lo suficiente como para recuperar su inversión vendiendo paquetes de films y así compensar la pérdida con aquellas películas que recaudan mucho más de lo que salió producirlas. El precio al que se deberián vender esos largometrajes teniendo en cuenta su costo de producción llega a las pantallas de televisión argentinas amortizado. Entonces, ejemplifica Rovito, una película cuya realización implicó 100 millones de dólares se vende a los canales locales a 10 mil dólares, y genera una competencia imposible de asumir para las producciones nacionales.
Otro problema que enfrenta la industria cinematográfica argentina y al que apunta a solucionar el artículo 67 del proyecto de ley, explica Rovito, quien participó en las deliberaciones sobre las leyes de Cine de Argentina, México, Colombia y Uruguay, es que a los canales no les interesa emitir productos que no hayan sido creados y distribuidos por ellos mismos. El apartado indica que las películas adquiridas por los canales deberán haber sido realizadas por productoras “mayoritariamente independientes”. Para el cineasta, el término apunta a aquellas realizadoras que no dependen de televisoras y distribuidoras. Sin embargo, Diego Galíndez, secretario del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA), no coincide con Rovito en este punto. Desde su visión, el término se refiere a aquellas producciones que no cuenten con el subsidio del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), que, según explica, son muy pocas, por lo que no alcanzarían para completar la cuota de pantalla que impondría la nueva legislación.
La ley de Cine argentina (n° 24.377), estipula que de la totalidad de lo recaudado por el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), el 40 por ciento se destina al INCAA, que funciona como un administrador de ese dinero. El Instituto analiza si los guiones que le presentan las productoras cuentan con un presupuesto real, no dibujado, y factible y si son de interés público. De ser así, le otorga a la película un subsidio, que representa alrededor del 50 % del costo de producción.
El proyecto de Ley de Medios prevee bajar el 40 % destinado al INCAA al 25 %, con el argumento de que el COMFER va a recaudar más y, por lo tanto, el monto de dinero no va a variar. “En términos técnicos podría ser o no cierto, todavía no se han hecho las cuentas ni se a cobrado efectivamente. Pero aunque así fuera, no es lógico. En realidad, si se amplia la forma de cobrar es porque se ha ampliado la forma de ver cine. Lamentablemente esa discusión la perdimos. Sí logramos incorporar una cláusula tipo gatillo donde el 25% no pueda ser menos de lo que cobrabamos ahora, de manera tal de que por lo menos no baje la recaudación inmediata”, detalla Rovito.
Tanto él como Galíndez coinciden en que el actual aporte del Estado al cine es acorde a lo que se produce. Sin embargo, el director Bernardo Czemerinsky, conocido como Bebe Kamín -Los chicos de la guerra (1984)-, opina que el cine está en deuda con la sociedad argentina: “No veo que el cine nacional haya producido en los últimos años un monto de películas que justifiquen, económica y culturalmente, la confianza que le da la sociedad al ofrecerle su capital. No creo que el Estado tenga que ser la vaca lechera de todas las actividades de riesgo”, manifiesta.
En cuanto a los efectos culturales que pueda tener la aplicación de una cuota de pantalla, Rovito dice que, si bien no cree en la educación del público, porque contiene un sentido de superioridad de los que deciden que se debe ver por sobre los que lo consumen, sí considera que es necesario dar opciones: “La elección tiene que ver con el acceso, no solamente con que exista. Se trata de que el público tenga permanentemente la información para poder elegir qué va a ver y qué no. El cine estadounidense nos ha acostumbrado a un modelo de contar, a una forma de relacionar al producto con el espectador durante muchos años de bombardear con ese material. En ese sentido creo que hay que hacer un trabajo de recuperación del público para que pueda ver otro tipo de películas”, explica.
Galíndez, por su parte, no focaliza las implicancias en la cultura por el lado del público sino por el de los creadores: “La realidad es que actualmente hay unas pocas personas que dicen 'yo paso lo que se me da la gana y a quien puedo pisar con esto no me interesa. No me importa el pibe que se mató 3 años con un guión', que tiene todo el derecho del mundo a realizarlo y que la gente lo vea y opine si le gusta o no. Por el solo hecho de que quiere decir algo tiene derecho a estar en televisión. Esto no es una ley K, como dicen muchos, la pide en Catamarca un pibe que no sé si lo votó, la pide un pibe que vive en Usuhaia y lo único que quiere hacer es cine y no le importa otra cosa”, ejemplifica.
jueves, 1 de octubre de 2009
La inseguridad - crónica escrita en un viaje en tren a San Isidro
San Isidro es distinto
Más de una persona le había hecho el gesto de la nariz para arriba cuando contó que vivía en San Isidro. Y capaz tenían razón. O tal vez no. El partido incluye a la Cava, una de las villas más grandes del país, aunque tanto los sanisidrenses como los de afuera no acostumbren a mirar mucho más lejos de las calles Alvear, Belgrano y la hermosa avenida del Libertador. Pero, como dice el eslogan de la Municipalidad, que adorna numerosos carteles en la vía pública, San Isidro es distinto. Es la tierra de la convivencia. Una fortaleza de dos pisos emerge de un césped de película estadounidense y a ella entra una camioneta que parece tanque y se esconde con el ruido seco del portón metálico que se cierra como una cachetada. A unas pocas cuadras hay una pared inmensa custodiada por gendarmes que separa, como si la división no fuera ya obvia, como si se necesitara que digan “Ey, acá hay un ustedes y un nosotros”, a la villa del precioso, patricio, aristrocrático barrio de Santa Rita, o la Horqueta, no sé, son iguales. Error. San Isidro no es convivencia, es indiferencia. Es la tierra de las caras que miran para otro lado, para el más lindo.
Desde ya, muchas gracias
Ella iba a un colegio que quedaba en esa zona cerca de la estación San Isidro, donde hay una densidad de cinco colegios privados cada trescientos metros cuadrados. Sobreabundancia de elitismo que se complementa con la presencia del Club Atlético San Isidro, “cuna de los gerentes de empresas del mañana”, debería ser el eslogan. Allí no había convivencia, pero sí indiferencia, porque no hace falta que te pongan las cosas en la cara para saber que existen, ¿no? Sin embargo, hay un lugar de confluencia en la rutina de la mayoría de los habitantes de la zona: el tren. El que va de Retiro a Tigre, al que todos se refieren diciendo “Ah, pero es tranquilo, ahí no pasa nada”, el tren de la gente “bien”. El tren bien. Claro, eso no quita que una nena me entregue una tarjeta que dice “Señores pasajeros, disculpe la molestia, me puede ayudar con algunas moneditas, desde ya, muchas gracias” en el momento justo en que escribo “el tren bien”. Si supiera que estoy escribiendo sobre ella cuando me dice “que linda letra”...
Ay de nosotros
Cinco adolescentes vestidos igual, verdes de pies a cabeza, entran al vagón. Adentro, la confluencia. Seguramente a los y las oficinistas que vuelven del trabajo les moleste su presencia de risas fuertes y comentarios idiotas. Seguramente a las tres chicas sin uniforme algo en su presencia les moleste aún más.
“Chicos, me tiraron el pelo.” Ella se da vuelta y ve a las tres chicas, de esas que no entran en el “nosotros” sino en el “ellos”. Cada una mira a un lugar diferente del tren, parece una foto. “Chicos, me empujaron.” Otra foto. “Chicos, me pegaron una patada.” Tercer flash. Estáticas. No le quieren robar, no es más que el divertimento pasajero de tres pasajeras. Si esto llegara a conocimiento de TN sería algo así como: “Episodio de violencia extrema: joven estudiante atacada sin razón alguna por tres malvivientes mientras viajaba en tren”, y algunas vecinas sanisidrenses aparecerían diciendo que antes se podía viajar lo más bien, que ya no se puede vivir tranquilos, que ay de nosotros.
La nena sufrida
Minutos más tarde ella atraviesa las cinco cuadras de la estación a su casa, saluda a dos de los tres garitas que cruza, entra y se saca los zapatos de uniforme verde de colegio. Después se acuesta en el sillón naranja, el que inevitablemente induce a la siesta, y su mamá que le pregunta si quiere un té para sobrepasar el momento de vandalismo traumático que acaba de vivir. Sí, dice con voz de nena sufrida y prende la tele mientras espera el té. TN. Mientras que asesinatos, inseguridad, Fondo Monetario, el flagelo de la droga, la juventud perdida, los beneficios de comer bien y el gol de Palermo pasan por sus ojos piensa en la prueba de inglés que tiene al día siguiente (¡falta poco para rendir ese examen de universidad inglesa que, según le dicen, es una garantía para algún día conseguir trabajo!), su mente sigue divagando y aterriza en la remera nueva que va a estrenar el viernes a la noche. Y TN sabe todo esto.
A partir de este punto no puedo mentir. No sé cuántas cuadras caminó cada una de las tres chicas del tren para llegar a sus casas, ni si se tuvieron que tomar después un colectivo o qué. Tampoco sé si saludaron a dos garitas, pero puedo suponer que no. A lo mejor se cruzaron a algún policía, pero seguro no las saludó. No sé si cuando llegaron a su casa había un sillón naranja cómodo donde acostarse y si alguien les ofreció un té para sobrepasar la vida traumática que acababan de vivir. Pero puedo suponer que no. No sé si pensaron en la prueba de inglés del día siguiente, si iban a estrenar una remera ese viernes, si era importante estrenar una remera ese viernes, y si un examen les iba a garantizar trabajo. Pero puedo suponer que no. No sé si algo o alguien alguna vez les va a garantizar trabajo, pero puedo suponer que no. Ni TN ni yo sabemos todo esto. Y nos llenamos la boca hablando de la inseguridad. Qué palabra tan amplia, ¿no?
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Luchi
jueves, 17 de septiembre de 2009
Espantapájaros - Apunte callejero - por Oliverio Girondo

En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quino piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.Pienso en donde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan llenos que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda...
Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.
Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.
martes, 15 de septiembre de 2009
lunes, 14 de septiembre de 2009

El resurgimiento del tango
La canción de Buenos Aires, aún hoy
El Festival realizado en agosto demostró la vigencia del género, hecho que coincide con los buenos pronósticos que hacen los especialistas del 2 x 4.
Agosto fue tango. Al menos eso decían los carteles amarillos con la gran H en negro. Los números lo convierten en hecho: más de 300 mil personas se hicieron presentes en el Festival de Tango y Mundial de Baile, organizado por el gobierno porteño, que se realizó entre el 14 y el 31 del mes pasado en Buenos Aires, ¿dónde más?
¿Dónde más? La pregunta no se cae de madura. Argentina, el país que fue cuna del tango en los primeros años del siglo XX también supo dejarlo resagado y prestarlo a otras culturas en épocas pasadas, concretamente y con más fuerza, a partir de la década del setenta. Hoy, sin embargo, la suerte es otra para el 2 x 4. Los expertos en el tema aseguran que se está experimentando un resurgimiento del género, aunque, advierten, las razones pueden no ser del todo nobles.
Más de una versión existe en torno al surgimiento del folklore de Buenos Aires, como lo define la coréografa Ana María Stekelman (ver entrevista). La más pintoresca fue aportada por la cantante Marikena Monti, según quien el modo de bailar el tango imita a los movimientos generados en las peleas a cuchillo en las esquinas.
La postura más aceptada, no obstante, ubica en los conventillos y en los burdeles, donde coincidían inmigrantes -fruto de las grandes corrientes corrientes migratorias que sacudieron a la sociedad argentina a principios del siglo XX-, negros y las clases bajas porteñas, la creación del tango. Los sectores medios y altos de la población quedaban fuera de esta ecuación. Pero como no es su costumbre quedar fuera, empezaron a escucharlo y, sobretodo, bailarlo, a escondidas. El tango era un secreto a voces, oscuro y lumpen, a causa de la mística que rodeaba a la noche tanguera y su origen prostibulario. “Es un género muy seductor, es una cuestión sexual: las caras pegadas, el pecho de la mujer contra el hombre, el sudor; todos los componentes del sexo, aunque este no aparesca de forma explícita, están presentes en el tango”, explica Walter Piazza, historiador del tango y secretario de la Academia Nacional del Tango, acerca del carácter que provocaba tanto rechazo como atracción en la sociedad media porteña.
La Iglesia Católica no podía quedar fuera del debate, en especial cuando el género empezó a llegar a otros países. Drástico, el Congreso Bíblico reunido en Atlanta, Estados Unidos, expresó el 2 de agosto de 1914 por boca del pastor Campbell Morgan: “El tango es una regresión hacia el mono y una confirmación de la teoría de Darwin”. En la misma línea se explayó el arzobispo de París en el mismo año: “Condenamos la danza de origen extranjera conocida como tango pues su naturaleza lasciva ofende la moral”.
Si esto es así, muchas deben haber sido las morales francesas ofendidas de ese año en adelante, pues la ciudad de la luz, mal le pese a los nacionalistas, es una pieza clave en la historia del tango. De acuerdo a Juan Manuel Fernández, miembro de la Asociación de Maestros y Bailarines de Tango Argentina y veedor del Campeonato Mundial, fue la aceptación del género en París la excusa de la que se valieron las clases medias y altas porteñas para dejar de ocultar su fascinación por el tango en la década del veinte. “En Buenos Aires siempre mirábamos a Europa, como consecuencia de ser descendientes de europeos. Eso hacía que nuestras costumbres sociales nos llevaran por un camino sin identidad, cosa que ahora está empezando a revisarse y, justamente, el tango es uno de los elementos fundamentales para encontrar identidad”, opina Fernández.
Años dorados siguieron en esta cronología de la historia del tango, que dieron como fruto nombres ilustres tales como Carlos Gardel, Anibal Troillo y Ástor Piazzola -caracterizado por Piazza como “el gran genio musical del siglo XX”. A pesar de esto, si bien sus rostros adornan una gran cantidad de postales para turistas y sirven de emblema de la argentinidad en el exterior del país, rostros foráneos empezaron a llenar las pantallas del cine y voces extranjeras a copar las radios, en claro detrimento de la cultura nacional, en la década del cincuenta.
Para el historiador, la explicación a este fenómeno se encuentra nada menos que en la Guerra Fría. Piazza explica que como consecuencia de un mundo dividido en dos -el comunismo de la Unión Soviética y sus radares, por un lado, y el capitalismo de Occidente, por el otro- Estados Unidos decidió imponer su idiosincracia y, de esta forma, “invadir al mundo”. “Del muro [de Berlín] para acá nos invadieron culturalmente. En Argentina las radios y las discofráficas eran de ellos, además impusieron su industria cinematográfica por sobre la nuestra. Era algo muy seductor porque decían letras que todo el mundo quería escuchar, hablaban de la libertad. La paradoja es que en América Latina estaba regida por gobiernos militares”, agrega. En estas circunstancias el tango cedió su lugar, su público joven, sobretodo, a un nuevo gigante: el rock.
Según Fernández, este proceso se acentuó durante la última dictadura militar, cuando el gobierno fáctico prohibió los encuentros culturales, donde aún se bailaba y escuchaba tango.
La actualidad, reflejada en gran medida por el Festival de Tango, aporta un argumento a aquellos que sostienen que la historia se repite. Tanto Stekelman como Monti, Fernández y Piazza coinciden en que por estos días se está experimentando un resurgimiento del tango, impulsado por la popularidad que alcanzó en el extranjero, al igual que en la década del veinte. Piazza es optimista al respecto: “El tango está lejos de su envejecimiento, por el contrario, está en una adolescencia muy linda”.
El optimismo se justifica en los datos que arrojó el cierre del Festival -que se desplegó en diez sedes, entre las que se destaca Harrods, y constó de clases de baile, presentaciones musicales, fiestas de electrotango y homenajes a figuras destacadas-: sólo el veinte por ciento de los que asistieron lo hizo en condición de turista. Esto quiere decir que de cinco espectadores, cuatro eran argentinos. Haciendo mensión a la concurrencia, Fernández detalla: “Hubo más gente joven, además de los viejos de siempre, y menos extranjeros. Hay una línea ascendente en cuanto a público y artistas y esto se refleja en la mayor cantidad de escuelas, lugares y actividades de baile”.
De acuerdo al historiador, que trabaja en permanente compañía de Horacio Ferrer -letrista de tango que compuso junto a Piazzolla, Troillo, Osvaldo Pugliese y Julio de Caro, entre otros, y preside la Academia Nacional de Tango-, “hay una genética tanguera en la ciudad de Buenos Aires que lo mantiene vigente. Las generaciones actuales conocen el lenguaje y hablan como tangueros”. En este punto difiere Marikena Monti, que considera a la juventud demasiado inmadura como para comprender la profundidad del tango (ver entrevista).
Piazza entiende que las razones para la perdurancia del 2 x 4 son la capacidad para retratar momentos históricos -“El poeta tiene la posibilidad de reflejar lo que sucede. Esto con el tango sucedió siempre, fue contando momentos sociales”, opina- y la identidad porteña. Para explicar lo que siente frente a la supervivencia del adolescente que entiende es el género, recurre a una frase de Ferrer: “El tango es un náufrago en la ciudad, pero es el de mayor aliento”.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Sutilezas
Dos pupilas que se agrandan y se acostumbran a la oscuridad. Próxima, muy próxima, la tela, rozando las pestañas. La sábana es gris y tiene un estampado que bien pueden ser flores o pequeños animales, pero el halo de luz que entra por donde termina solo les permite ser manchas. La parte que está sobre la nariz se infla con toda exhalación y se hunde con cada inhalación. En las partes alejadas al espacio que ocupa el cuerpo acostado, las telas que componen las sábanas inferior y superior se tocan. Las de abajo son lisas lisas y azules. Entre el cuerpo, que parece inerte, y los sectores de tela que están en contacto, se forman triángulos, irregulares, pero triángulos al fin. Una protuberancia se observa donde están los pies, y por ahí entra más luz, porque la sábana de arriba está más lejos del colchón. Los brazos, pegados al cuerpo, generan el efecto de escalones en la tela que baja hacia la sábana de abajo. Cada pliegue es suave, sutil, como el género del que está hecho. Las pupilas ya son más grandes y permiten ver más detalles. Todavía no distinguen las flores de los pequeños animales, pero si notan que la composición de la tela consta de pequeñas líneas, como fibras, entrecruzadas eternamente. Porque en ese espacio, el horizonte es el lugar donde la sábana baja para cubrir el colchón, y lo que viene después, al escapar, es infinito.
Ahora, medio metro debajo de las dos pupilas, la panza y una puntada que la azota. Bien en el medio, y hasta el centro. Haberse acostado no fue más que un arranque de rutina, y los ojos cerrados la mayor parte de la noche un simulacro de normalidad. Porque dormir, una utopía. Pero ahora ya está bien, los ojos abiertos se justifican porque el sonido del despertador ya se filtra por las fibras que componen la tela de la sábana. Otro día la hubiera irritado, el chillido agudo en sus oídos, pero hoy piensa que capaz que lo que no es bello pero sí cotidiano se torna necesario cuando le es arrebatado a la persona. Y tal vez lo cotidiano le sea arrebatado a ella, que es la persona. Así, con todas las cosas malas. Persona que ya no espera el sonido de llave cuando él, su hombre, o algo así, llega a la casa que alguna vez fue de ambos, por el contrario anhela no escucharlo. Sonido cotidiano, que es el presagio del hartazgo, de los ojos que no la miran y la violencia de esa ausencia, de la ausencia de la mirada.
Esa idea circula su cabeza. Pero también está la otra, la que dicta que las cosas malas, las cosas sucias, no le pasan a ella, o a lo que ella representa. La justicia entiende de clases, códigos y pertenencias. Porque, justamente, la justicia, o los que la construyen, pertenecen. Y siguiendo esta figuración perfectamente podría pasar que ella, por fin, se desentendiera de sábanas, permaneciera un minuto más acostada y finalmente sentiera el impulso y la contracción en el abdomen que supone levantarse. Pasos la conducirían hasta el baño y después hasta la cocina, donde, más arriba, sus manos inducirían a dos rebanas de pan al arte de tostarse para resultarles más sabrosas al paladar humano. Y bien humana sería ella comiéndolas, propiamente untadas con dulce de durazno, nadie se atreva a negarlo. Minutos después, atravesaría, ya vestida, la puerta. Una vez en la calle, recorrería, de forma mecánica, las mismos espacios de vereda que camina todos los días, pero por motivos diferentes. Escalones que son como los pliegues de una sábana la enterrarían. Allí, bajo cemento, esperaría, no mucho, el ruido creciente que anuncia la llegada del subte y luego las dos puertas que se abrirían frente a ella. Porque las puertas siempre se abren en los centímetros exactos de andén que ella ocupa, como si ese gusano gigante de hierro pudiera percibirla. Sólo adentro de su habitación es invisible. Invisible para él.
Atenta al nombre de las estaciones, porque normalmente hubiera bajado antes, leería en ese conjunto de signos que es la palabra “tribunales” la indicación para dejar el subte. Luego, metros más cerca del sol y más lejos del centro de la tierra, caminaría hasta toparse con las puertas de un edificio viejo pero hermoso. Adentro, recorrería escaleras hasta darse cuenta de que está donde tiene que estar. Y ese lugar es donde un grupo de hombres vestidos con trajes gris abogado, con sus respectivas corbatas distintas pero iguales, la mirarían desfilar entre ellos para llegar a la tarima, y lo que sus ojos verían le indicaría a sus cerebros que esa mujer es demasiado de muchas cosas para estar ahí: linda, elegante, bien. Una mujer bien. Tan extraña, y hermosa, se sentiría con ojos sobre su cuerpo.
Ante ellos giraría para buscar sus miradas, uno por uno, mientras les explicaría, imploraría, que no había podido elegir. Le hablaría a la ley, personificada en esos hombres, e intentaría seducirla. ¿Cómo se suponía que actuara si era él quien la había elegido joven y hermosa? ¿Quién más, sino, le había dado a entender haciendo uso de la más cruel indiferencia que los sueños de amor caducaban? ¿Qué otro ser podía haberle transmitido mejor que él que cuando una mujer pierde su juventud pierde su razón de ser, de ser esa mujer para ese hombre? ¿Acaso otra persona había sido capaz de arrebatarle la inocencia para transformarla en algo abyecto? Él le había hecho comprender que cuando la eligió para siempre eligió la desidia, la inercia, que había sabido compensar con el ejercicio del adulterio, de encontrar otras mujeres que eran tres veces lo que ella era ahora, pero ni un tercio de lo que había sido antes. Y ya, en este punto, los hombres de traje estarían lo suficientemente tocados para proceder a explicarles que no existía otra salida, que la válvula de gas abierta en el cuarto donde su marido dormía no fue una elección que se le presentó, sino una imposición del destino, que era crudo. De la misma forma, les haría entender que la amalgama de estupefacientes que se encargo de introducir en su garganta, para evitar infortunios, había sido un acto espontáneo de la naturaleza y no ejercicio de cosa tal como el libre albedrío. Así, como corresponde, esos hombres verían en la mujer una víctima y no un victimario. Y así, ella podría volver a odiar a su vida cotidiana en lugar de convertirla en algo sublime por su ausencia, aunque sin tener que soportar más la violencia sutil, amordazante, de la indiferencia.
Todo esto puede pasar pero las sábanas siguen rozando sus pestañas.
Ahora, medio metro debajo de las dos pupilas, la panza y una puntada que la azota. Bien en el medio, y hasta el centro. Haberse acostado no fue más que un arranque de rutina, y los ojos cerrados la mayor parte de la noche un simulacro de normalidad. Porque dormir, una utopía. Pero ahora ya está bien, los ojos abiertos se justifican porque el sonido del despertador ya se filtra por las fibras que componen la tela de la sábana. Otro día la hubiera irritado, el chillido agudo en sus oídos, pero hoy piensa que capaz que lo que no es bello pero sí cotidiano se torna necesario cuando le es arrebatado a la persona. Y tal vez lo cotidiano le sea arrebatado a ella, que es la persona. Así, con todas las cosas malas. Persona que ya no espera el sonido de llave cuando él, su hombre, o algo así, llega a la casa que alguna vez fue de ambos, por el contrario anhela no escucharlo. Sonido cotidiano, que es el presagio del hartazgo, de los ojos que no la miran y la violencia de esa ausencia, de la ausencia de la mirada.
Esa idea circula su cabeza. Pero también está la otra, la que dicta que las cosas malas, las cosas sucias, no le pasan a ella, o a lo que ella representa. La justicia entiende de clases, códigos y pertenencias. Porque, justamente, la justicia, o los que la construyen, pertenecen. Y siguiendo esta figuración perfectamente podría pasar que ella, por fin, se desentendiera de sábanas, permaneciera un minuto más acostada y finalmente sentiera el impulso y la contracción en el abdomen que supone levantarse. Pasos la conducirían hasta el baño y después hasta la cocina, donde, más arriba, sus manos inducirían a dos rebanas de pan al arte de tostarse para resultarles más sabrosas al paladar humano. Y bien humana sería ella comiéndolas, propiamente untadas con dulce de durazno, nadie se atreva a negarlo. Minutos después, atravesaría, ya vestida, la puerta. Una vez en la calle, recorrería, de forma mecánica, las mismos espacios de vereda que camina todos los días, pero por motivos diferentes. Escalones que son como los pliegues de una sábana la enterrarían. Allí, bajo cemento, esperaría, no mucho, el ruido creciente que anuncia la llegada del subte y luego las dos puertas que se abrirían frente a ella. Porque las puertas siempre se abren en los centímetros exactos de andén que ella ocupa, como si ese gusano gigante de hierro pudiera percibirla. Sólo adentro de su habitación es invisible. Invisible para él.
Atenta al nombre de las estaciones, porque normalmente hubiera bajado antes, leería en ese conjunto de signos que es la palabra “tribunales” la indicación para dejar el subte. Luego, metros más cerca del sol y más lejos del centro de la tierra, caminaría hasta toparse con las puertas de un edificio viejo pero hermoso. Adentro, recorrería escaleras hasta darse cuenta de que está donde tiene que estar. Y ese lugar es donde un grupo de hombres vestidos con trajes gris abogado, con sus respectivas corbatas distintas pero iguales, la mirarían desfilar entre ellos para llegar a la tarima, y lo que sus ojos verían le indicaría a sus cerebros que esa mujer es demasiado de muchas cosas para estar ahí: linda, elegante, bien. Una mujer bien. Tan extraña, y hermosa, se sentiría con ojos sobre su cuerpo.
Ante ellos giraría para buscar sus miradas, uno por uno, mientras les explicaría, imploraría, que no había podido elegir. Le hablaría a la ley, personificada en esos hombres, e intentaría seducirla. ¿Cómo se suponía que actuara si era él quien la había elegido joven y hermosa? ¿Quién más, sino, le había dado a entender haciendo uso de la más cruel indiferencia que los sueños de amor caducaban? ¿Qué otro ser podía haberle transmitido mejor que él que cuando una mujer pierde su juventud pierde su razón de ser, de ser esa mujer para ese hombre? ¿Acaso otra persona había sido capaz de arrebatarle la inocencia para transformarla en algo abyecto? Él le había hecho comprender que cuando la eligió para siempre eligió la desidia, la inercia, que había sabido compensar con el ejercicio del adulterio, de encontrar otras mujeres que eran tres veces lo que ella era ahora, pero ni un tercio de lo que había sido antes. Y ya, en este punto, los hombres de traje estarían lo suficientemente tocados para proceder a explicarles que no existía otra salida, que la válvula de gas abierta en el cuarto donde su marido dormía no fue una elección que se le presentó, sino una imposición del destino, que era crudo. De la misma forma, les haría entender que la amalgama de estupefacientes que se encargo de introducir en su garganta, para evitar infortunios, había sido un acto espontáneo de la naturaleza y no ejercicio de cosa tal como el libre albedrío. Así, como corresponde, esos hombres verían en la mujer una víctima y no un victimario. Y así, ella podría volver a odiar a su vida cotidiana en lugar de convertirla en algo sublime por su ausencia, aunque sin tener que soportar más la violencia sutil, amordazante, de la indiferencia.
Todo esto puede pasar pero las sábanas siguen rozando sus pestañas.
martes, 1 de septiembre de 2009
Entrevista sobre el novelista solitario
“La literatura de Auster colapsó por la cobertura mediática”
Según el análisis de Juan Forn, escritor y periodista, el autor estadounidense quedó atrapado en el tiempo, olvidando así su abierta originalidad. Sin embargo, esta carencia de ideas se ve compensada con su paisaje narrativo, Brooklyn.
La pluma de Paul Auster, uno de los escritores más relevantes de Estados Unidos, dejó de funcionar cuando la cobertura mediática de los medios de difusión desgastaron su figura, sin antes prevenir que él no volvería a ser quién fue: el creador de la ficción signada por la casualidad y la soledad.
En la entrevista, el escritor y periodista argentino Juan Forn, fiel seguidor y especialista en literatura norteamericana, hará mención del porqué de la falta de convicción en la voz del narrador en cuestión, de cómo el atentado terrorista a las Torres Gemelas, del 11 de septiembre de 2001, evidenció esa carencia y del modo en que refleja Auster la experiencia propia en las obras.
- El último libro de Paul Auster, Un hombre en la oscuridad, nació a partir del atentado a las Torres Gemelas, en 2001. Según él, “el 11-09 cambió el curso de la historia, haciéndonos entrar en un período ominoso”. ¿Cómo influyó este acontecimiento en su literatura? ¿Cómo lo profesó?
- Yo creo que este libro reivindica que Auster se quedó sin originalidad. Pone como excusa el 2001 porque no tiene una manera nueva de contar nada. Muchas veces, a algunos escritores les pasa que construyen un mundo propio, que le sale muy bien en los primeros libros y que después es como que no encuentran nada nuevo qué decir, y así es como sus libros anteriores reaparecen.
- ¿Por qué crees que le sucedió eso?
- Cuando navegué el libro comprobé la sensación de lo que les pasa a los norteamericanos con el 11-09: están tan shockeados y tienen tantas ganas de tenerse lástima a sí mismos, que no pueden mirar el tema con objetividad. No logran representarlo.
- ¿Tendrá que ver con que no estaban preparados para una tragedia semejante?
- Totalmente, y tipos como él, uno de los más importantes de la literatura norteamericana, no pudo contar nada con una novela.
- ¿En qué momento notaste la falta de originalidad en sus libros?
- Si comparás este último con el primero, La invención de la soledad (1988), que fue su presentación ficcional, con él se fue para arriba, fue construyendo un mundo cada vez más complejo, que duró más o menos hasta Leviatán(1992). Después se mantuvo en una especie de meseta en donde no agregaba nada nuevo. Luego empezó a derrumbarse, a caerse sólo; sentís que a la voz narradora le falta convicción.
- ¿Eso es porque se le agotaron los recursos?
- Un escritor no tiene la obligación de estar a la altura de su mejor performance. Pero hay una serie de recursos de oficio que te permiten estar, aunque no estés especialmente inspirado, con un nivel de dignidad por encima de la media. Por otro lado, si el escritor no está conforme con lo que escribió puede no publicarlo, ¿si no para qué abrió la boca si no tiene nada para decir? Y tengo la sensación de que Auster colapsó por la cobertura mediática.
- ¿En qué sentido de lo mediático?
- En cuanto al efecto de lo mediático sobre tu persona. Llega un punto del día donde él ya es Paul Auster. Además, si vos te pasaste todo el día repitiendo cosas que hiciste hace diez, veinte o treinta años atrás, cuando te sentás a escribir, ¿cómo conseguís algo nuevo y novedoso, si te estás copiando a vos mismo todo el santo día? Creo que es una perversidad de la legitimación actual, tanto en el arte como en todos los rubros. Es tal la exposición mediática que te obligan a actuar de vos mismo para poder preservar tu reconocimiento.
- Para hacer hincapié a la inspiración de Auster, que antes hilaste un poco en una de tus respuestas: en sus obras remarca mucho Brooklyn, su lugar para crear historias… ¿Qué importancia le da al sitio al que pertenece para escribir?
- En su caso en particular fue muy importante. Una de las cosas con las que se volvió cada vez más complejo y emocionante fue con su escenario literario. Al principio era más neutro, mucho más impersonal, y a partir de un libro- que luego fue llevado al cine- descubrió que podía utilizar ese escenario como paisaje narrativo. Curiosamente en aquellos libros posteriores a Leviatán lo que más resalta es el paisaje.
- ¿Ese cambio lo volvió más personal?
- No, creo que lo hizo más naturalista. Los norteamericanos son muy realistas, pero él es un caso especial, muy extraño, hace un realismo espectral. Y en los últimos libros su paisaje se ha vuelto más realista, muy brooklyniano.
- Auster sostiene que “la ficción es el intento de entender vidas ajenas”. Sin embargo, en la mayoría de sus libros refleja sus angustias e ideales. ¿Compartís su afirmación?
- No. Me parece que él sí habla de su vida en sus obras. La cuestión es que siempre es más fácil ver las cosas desde afuera. Por lo general, los escritores hablan de sí mismos, pero lo niegan…Cuando escribís no te das cuenta de lo autobiográfico que estás siendo.
- Hay dos características notables en su ficción: por un lado, la soledad de sus personajes; por el otro, las casualidades. ¿Cómo podrías explicarlo, teniendo en cuenta que la mayoría de sus personajes se encuentran, refutando así que no están solos?
- Si bien fue el que inventó lo que muchos llaman “el momento Auster”, una manera tan enroscada y llena de casualidades de contar historias, donde sus personajes se encuentran, la soledad también puede identificarse. Y ahí está la cuestión de la soledad, sus personajes viven en soledad, están encerrados en sí mismos.
- ¿Eso parte de la experiencia propia del autor?
- Sí, él es de esas personas que leés y sentís como que las novelas están escritas en un lugar vacío, solitario. Y estoy seguro de que eso refleja la vida de él: te da la impresión de que nunca se ocupó de sus hijos y que se pasó toda la vida encerrado, leyendo y escribiendo.
“La literatura de Auster colapsó por la cobertura mediática”
Según el análisis de Juan Forn, escritor y periodista, el autor estadounidense quedó atrapado en el tiempo, olvidando así su abierta originalidad. Sin embargo, esta carencia de ideas se ve compensada con su paisaje narrativo, Brooklyn.
La pluma de Paul Auster, uno de los escritores más relevantes de Estados Unidos, dejó de funcionar cuando la cobertura mediática de los medios de difusión desgastaron su figura, sin antes prevenir que él no volvería a ser quién fue: el creador de la ficción signada por la casualidad y la soledad.
En la entrevista, el escritor y periodista argentino Juan Forn, fiel seguidor y especialista en literatura norteamericana, hará mención del porqué de la falta de convicción en la voz del narrador en cuestión, de cómo el atentado terrorista a las Torres Gemelas, del 11 de septiembre de 2001, evidenció esa carencia y del modo en que refleja Auster la experiencia propia en las obras.
- El último libro de Paul Auster, Un hombre en la oscuridad, nació a partir del atentado a las Torres Gemelas, en 2001. Según él, “el 11-09 cambió el curso de la historia, haciéndonos entrar en un período ominoso”. ¿Cómo influyó este acontecimiento en su literatura? ¿Cómo lo profesó?
- Yo creo que este libro reivindica que Auster se quedó sin originalidad. Pone como excusa el 2001 porque no tiene una manera nueva de contar nada. Muchas veces, a algunos escritores les pasa que construyen un mundo propio, que le sale muy bien en los primeros libros y que después es como que no encuentran nada nuevo qué decir, y así es como sus libros anteriores reaparecen.
- ¿Por qué crees que le sucedió eso?
- Cuando navegué el libro comprobé la sensación de lo que les pasa a los norteamericanos con el 11-09: están tan shockeados y tienen tantas ganas de tenerse lástima a sí mismos, que no pueden mirar el tema con objetividad. No logran representarlo.
- ¿Tendrá que ver con que no estaban preparados para una tragedia semejante?
- Totalmente, y tipos como él, uno de los más importantes de la literatura norteamericana, no pudo contar nada con una novela.
- ¿En qué momento notaste la falta de originalidad en sus libros?
- Si comparás este último con el primero, La invención de la soledad (1988), que fue su presentación ficcional, con él se fue para arriba, fue construyendo un mundo cada vez más complejo, que duró más o menos hasta Leviatán(1992). Después se mantuvo en una especie de meseta en donde no agregaba nada nuevo. Luego empezó a derrumbarse, a caerse sólo; sentís que a la voz narradora le falta convicción.
- ¿Eso es porque se le agotaron los recursos?
- Un escritor no tiene la obligación de estar a la altura de su mejor performance. Pero hay una serie de recursos de oficio que te permiten estar, aunque no estés especialmente inspirado, con un nivel de dignidad por encima de la media. Por otro lado, si el escritor no está conforme con lo que escribió puede no publicarlo, ¿si no para qué abrió la boca si no tiene nada para decir? Y tengo la sensación de que Auster colapsó por la cobertura mediática.
- ¿En qué sentido de lo mediático?
- En cuanto al efecto de lo mediático sobre tu persona. Llega un punto del día donde él ya es Paul Auster. Además, si vos te pasaste todo el día repitiendo cosas que hiciste hace diez, veinte o treinta años atrás, cuando te sentás a escribir, ¿cómo conseguís algo nuevo y novedoso, si te estás copiando a vos mismo todo el santo día? Creo que es una perversidad de la legitimación actual, tanto en el arte como en todos los rubros. Es tal la exposición mediática que te obligan a actuar de vos mismo para poder preservar tu reconocimiento.
- Para hacer hincapié a la inspiración de Auster, que antes hilaste un poco en una de tus respuestas: en sus obras remarca mucho Brooklyn, su lugar para crear historias… ¿Qué importancia le da al sitio al que pertenece para escribir?
- En su caso en particular fue muy importante. Una de las cosas con las que se volvió cada vez más complejo y emocionante fue con su escenario literario. Al principio era más neutro, mucho más impersonal, y a partir de un libro- que luego fue llevado al cine- descubrió que podía utilizar ese escenario como paisaje narrativo. Curiosamente en aquellos libros posteriores a Leviatán lo que más resalta es el paisaje.
- ¿Ese cambio lo volvió más personal?
- No, creo que lo hizo más naturalista. Los norteamericanos son muy realistas, pero él es un caso especial, muy extraño, hace un realismo espectral. Y en los últimos libros su paisaje se ha vuelto más realista, muy brooklyniano.
- Auster sostiene que “la ficción es el intento de entender vidas ajenas”. Sin embargo, en la mayoría de sus libros refleja sus angustias e ideales. ¿Compartís su afirmación?
- No. Me parece que él sí habla de su vida en sus obras. La cuestión es que siempre es más fácil ver las cosas desde afuera. Por lo general, los escritores hablan de sí mismos, pero lo niegan…Cuando escribís no te das cuenta de lo autobiográfico que estás siendo.
- Hay dos características notables en su ficción: por un lado, la soledad de sus personajes; por el otro, las casualidades. ¿Cómo podrías explicarlo, teniendo en cuenta que la mayoría de sus personajes se encuentran, refutando así que no están solos?
- Si bien fue el que inventó lo que muchos llaman “el momento Auster”, una manera tan enroscada y llena de casualidades de contar historias, donde sus personajes se encuentran, la soledad también puede identificarse. Y ahí está la cuestión de la soledad, sus personajes viven en soledad, están encerrados en sí mismos.
- ¿Eso parte de la experiencia propia del autor?
- Sí, él es de esas personas que leés y sentís como que las novelas están escritas en un lugar vacío, solitario. Y estoy seguro de que eso refleja la vida de él: te da la impresión de que nunca se ocupó de sus hijos y que se pasó toda la vida encerrado, leyendo y escribiendo.
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